.Orquesta Sinfónica Municipal
.Director: maestro Guillermo Becerra
.Solista: Juan José Kunert, violín
.Teatro Municipal Colón, Mar del Plata,
7 de septiembre, hora 20.
Bajo la
dirección de su titular, el maestro Guillermo Becerra, la Orquesta Sinfónica
Municipal se presentó ayer en su sede del Teatro Colón.
El Concierto para violín y orquesta nro.1, en sol menor, opus 26, de Max Bruch (Colonia, 1838, Berlín, 1920)
fue la primera de las obras de programa. Se trata de una de los más conocidos y
apreciados exponentes del género. Lo caracterizan la belleza de la invención
melódica, la demanda de un fraseo tan delicado como variable –de lentos momentos
de intensidad a vibrantes cambios motívicos, que crean diferentes climas, a lo
largo del desarrollo de sus movimientos. El diálogo entre el solista y la
orquesta es siempre estrecho, con una continuidad, en las intensidades de cada
uno de los términos de la construcción sonora. El movimiento final es vibrante
e intenso.
Juan José Kunert nació en Mar del Plata en 2010 y
comenzó sus estudios de violín a los 7 años con Matías Ramos en el marco del
programa “Usinas Artísticas” de la Municipalidad de Gral. Pueyrredón.
Posteriormente, fue alumno de Julia Chudova, Oleg Pishenin y Samuel Vargas y
becario del programa SV Scholars de la
Fundación Internacional de Música, participando de masterclasses con numerosos
y destacados maestros. En 2021, recibió la mención "Young Talent" (Talento
Joven) en el concurso "Vienna New Year's Concert" International Music
Contest. Actualmente, es alumno de Rafael Gintoli en la ciudad de Buenos Aires.
Al mismo tiempo, cursa segundo año de Academia Orquestal en la Sede Mar del
Plata del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, en donde estudia violín
con Oleg Pishenin.
Con una
actividad en distintas formaciones musicales–tanto de música académica como de
tango- desde junio de 2024, participa en la Orquesta Académica del Teatro
Colón.
Los
extensos antecedentes musicales, acumulados por un solista de solo 14 años como
los resultados, hablan de la enorme importancia de los programas de orquestas
barriales, a la vez ámbitos de formación, estímulo y descubrimiento.
Abordó
la obra con un gran manejo de las exigencias que ella demanda: musicalidad,
dulzura, intensidad en los pasajes de bravura en un criterio interpretativo
acorde al carácter del concierto.
La Sinfonía Nro. 3 en mi bemol mayor, opus 55,
Eroica, de Ludwig van Beethoven (1770-1827) fue la segunda de las obras
abordadas.
La
centralidad de este opus en la historia de la música y la apertura formal y
estética que significó son demasiado conocidas e importantes para abordarlas
aquí. Baste señalar que tal centralidad aparece íntimamente vinculada a las
dificultades técnicas de la que –luego de la sinfonía nro. 41 de Mozart, de
1788- concebida entre 1802 y 1804 es una de las primeras obras extensas y
enjundiosas de un género que abría con ella un proceso de expansión.
Todos
los recursos utilizados en el opus son novedosos: la base musical, luego de la
llamada del principio, es una sencilla célula que vertebra todo el primer movimiento,
que alterna con recursos tales como la enunciación de tema central en los
cellos en lugar de los violines; la permanente tensión, la intensidad sonora.
Es una obra revolucionaria asimismo en las armonías, muchas veces intensas, que debieron resultar muy chocantes
en 1804.
Los
elementos a señalar son muchos. Uno es la voz del oboe, que surge como una voz
intensa e interior, a partir de su intervención inicial en la mara fúnebre,
segundo movimiento, y que, en un sentido de circularidad, vuelve al final como
un elemento contrastante, con su dulzura, de todo el virtuosismo de la obra.
La
orquesta llevo un tempo siempre vivo, necesario para el armado de una obra cuya
estética se apoya en una intensidad y velocidad que hacen difícil la
interpretación.
El
último movimiento, por ejemplo, un tema con nueve variaciones de Las criatura de Prometeo, incluye
variaciones fugadas-como la cuarta y la octava- a que –inspiradas como están en
los contrapuntos del último movimiento de la sinfonía nro 41 de Mozart- a un tempo
vivo son realmente complejas.
La tría
armonía de los cornos, en el scherzo, es un pasaje breve pero muy difícil, que
se reitera en al menos tres oportunidades. Se pudo apreciar que, junto a Jorge
Gramajo y Marcos Tallarita, había una joven cornista, lo cual es indicativo de
la capacidad de muchos jóvenes para integrar el organismo y afrontar obras como
esta.
Lo
mismo se pudo apreciar en la cuerda.
La Eroica es una obra muy cara para el
maestro Becerra, que la conoce profundamente y sabe trabajarla e todos los
aspectos.
En
una situación en la que el orgánico de la orquesta sigue incompleto –todos los
percusionistas se han jubilado y Daniel Izarraga, ex timbaista, actuó en la oportunidad
domo contratado- en que el número de contratados es muy alto con respecto a la planta permanente, la orquesta no hace
concesiones en las obras que aborda. Ello se debe al intenso trabajo que lleva
a cabo bajo la conducción su titular, recientemente galardonado por la Asociación
de Críticos Musicales de la Argentina, con un reconocimiento a su trayectoria.
Eduardo Balestena
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