martes, 16 de mayo de 2023

Concierto de la Orquesta Académica de la Universidad Nacional de Lanús

 


 

.Orquesta Académica de la Universidad Nacional de Lanús

.Director: Maestro Daniel Bozzani

.Solista: Javier Mas

.Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires, 13 de mayo, hora 18.

 

            En este concierto, de la trigésima temporada del Ciclo de Grandes Conciertos de la UBA se contó con la actuación de la Orquesta Académica de la Universidad Nacional de Lanús, bajo la dirección del maestro Daniel Bozzani y la actuación  solista del maestro Javier Mas en el piano.

           

            La Obertura Edipo a Colono, de Antonio Sachini (1730-1786), fue la primera obra del programa. Ya desde el inicio, en sus gráciles y rápidos pasajes de la cuerda permitió apreciar tanto la amplitud de la masa de cuerdas de la orquesta como su sonido terso y absolutamente homogéneo, en un opus cuyo elemento central es precisamente esa sección.

            La Fantasía para piano y orquesta “Der Wanderer”, opus 17, (D.760) de Franz Schubert (1797-1828), con arreglo de Franz Liszt (1811-1886) siguió en el programa, interpretada por el maestro Javier Mass, quien logró una correcta versión de un trabajo donde el elemento melódico surge en un segundo plano ante el predominio de pasajes rápidos.

            En la segunda parte fue abordada la Sinfonía nro. 2 en mi menor, opus 27 de Sergei Rachmaninov (1873-1943)

            Tanto la primera sinfonía (1895) como la segunda (1906-1907), en su radicalmente distinta concepción,  marcan cotas de las más altas –si tal afirmación es posible, dado que todo en Rachmaninov es diverso y a la vez brillante y profundo- en la producción del gran compositor y concertista  de Novgorod.

            Es una obra mayor del repertorio, tanto en la complejidad de su trama musical, como en la belleza de sus extensas líneas melódicas y en la propia extensión. A poco que la apreciemos habremos de percibir que, por ejemplo la cuerda va de pasajes de un piannisimo dulce y expresivo a rápidos trozos que demandan toda la longitud del arco durante extensos períodos. En lo expresivo, el permanente cambio de dinámicas demanda un fraseo muy sutil ya que el color orquestal lleva la melodía de una sección a otra –toda la obra es un inmenso diálogo- que debe seguir la frase en el mismo volumen y sensibilidad en la inflexión. Pasajes como los arranques en el Allegro del segundo movimiento o el Allegro vivace del cuarto son intensos, rápidos y requieren una precisión tan grande como las inflexiones de las frases lentas.

            Vayamos a algunos de sus lugares para ejemplificar lo expuesto: tras la iniciación en los graves de la cuerda y el acorde de clarinetes y clarinete bajo que le sucede –verdadero marco que plantea un clima sonoro- sucede el sencillo tema ascendente, breve y conciso, en la cuerda, que sujeto a transformaciones y variaciones habrá de va estructurar toda la obra y darle unidad. Rachmaninov se nos revelará como un maestro de la transformación motivica, como lo era Rimsky Korsacov (también hemos de apreciar que algo semejante sucederá en su Tercer Concierto en do menor, de 1909). Es una obra compleja que, como el tercer concierto, descansa en elementos sencillo pero que aparecen extendidos, fragmentados, invertidos o superpuestos y desarrollados, a veces en largos tramos, de manera muy sutil.

            La disposición de la cuerda adoptada: primeros violines a la  izquierda del director y segundos a su derecha permitió apreciar la trama en que la sección trabaja: por momentos la línea melódica de los violines se divide en los que llevan la melodía y los que aportan una diferente, hecha de una modificación melódica –uno de los lugares es en el desarrollo del extenso primer movimiento –que dura unos 18 minutos-. También sucede en otros lugares con modalidades distintas, una es la cita del motivo inicial por parte de los segundos mientras los primeros llevan otra melodía.

            Todas las secciones son relevantes, la percusión, los metales, las maderas que, por ejemplo el solo del corno inglés que luego de un extenso desarrollo orquestal cita el tema inicial en forma casi literal, lo cual lleva, tras un acorde de las maderas a un desarrollo nuevo con una variación del tema central.

            En solo de clarinete –a cargo del solista Pablo Thimental- del comienzo del tercer movimiento Adagio es uno de los lugares más bellos –si afirmar eso es posible en una obra de belleza en toda su extensión- que, en el comienzo del registro agudo del instrumento nace con una nota inicial que surge muy suavemente y que inaugura un extenso pasaje que plantea el desafío de la respiración, ya que la línea se desliza sin detenerse nunca en distintas inflexiones, lo  que hace que el instrumentista deba aprovechar muy breves momentos para respirar.

            En su memorable libro Los Griegos Kitto dice algo como: si me he extendido tanto es para demostrar el profundo intelectualismo griego. Si me extendido tanto –extensión que está muy lejos de agotar las posibilidades de la obra- es para poner en evidencia el valor de la interpretación de la Orquesta Académica de Lanús y de la preparación y el trabajo del maestro Daniel Bozzani, ya que se trata de una obra que no da tregua en ningún momento de los aproximadamente 57 minutos que dura.

            Ante un desajuste en el arranque del Allegro molto el maestro detuvo la interpretación y el inicio fue atacado nuevamente. En uno de sus trabajos Mariano Balestena señala el verdadero sentido de estos accidentes en la música, que han de ser demostrativos de la dificultad que entraña hacer música y de todo lo otro que sale sin inconvenientes. Una actitud franca, responsable y honesta que no desmerece en lo más mínimo la gran interpretación que pudimos disfrutar de una obra no presente en el repertorio.

            Tanto en la cuerda, como en los metales y maderas, en la percusión, todo fue preciso, expresivo, a la altura del fraseo y la intensidad requeridos por un gran diseño sinfónico.

            En su presentación inicial, el compositor Juan Carlos Figueras se refirió tanto al ciclo semanal de los conciertos de la UBA, libres y gratuitos en los cuales se sugiere la entrega de un alimento no perecedero, ya que el referido ciclo no se agota en el plano musical, así como a la importancia de la independencia universitaria y el espíritu de igualdad que implica.

            El propio ciclo es una prueba de ello.     

           

 

Eduardo Balestena

   

 

           

           

           

 

           

domingo, 16 de abril de 2023

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón


 

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón

 

.Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

.Director: Alpesh Chauhan

.Solista: Eduardo Vasallo, violoncello

.Teatro Colón de Buenos Aires, 14 de abril, hora 20.

 

             

En su tercer concierto de abono del año la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se presentó junto con el violoncellista Eduardo Vasallo.

En la primera parte del programa fue interpretada la obra Azul, para violonchelo, ensamble obligado y orquesta, de Osvaldo Golijov. La formulación general de dicha obra es la de una voz solista que aborda un motivo abierto, que discurre sin un desarrollo conclusivo definido y que, en ese discurso, van siendo sumados los timbres orquestales y ciertos efectos, más que nada como un enriquecimiento de la sencilla línea inicial. Percusión y acordeón intervienen,  al menos al comienzo, como timbres que se adicionan al paisaje sonoro que plantea la voz principal. Esta idea, con algunas variantes, se extiende a gran parte de la obra.

Sin embargo, en la tercera parte Transit, en lo que es el episodio quizás más original -el cello solista aborda un elemento que discurre con la repetición de un motivo que avanza y vuelve al punto de partida, estableciendo una suerte de continnum en el cual el acordeón obra como un soporte armónico de la sonoridad grave del cello y suena –en timbre bello e inusual- más como las cuerdas de un contrabajo que como un acordeón. Se establece allí un verdadero sincretismo entre esas voces y el delicado contorno sonoro de la orquesta, limitada a un papel de suave efecto. La resonancia del motivo alude al folklore centroeuropeo y produce toda la sensación de estar escrito en una escala diferente al resto.

La amplificación en el sonido del cello solista introduce un elemento artificial, hace más uniforme su timbre, de por sí profundo, dulce y melancólico, y lo ubica en un plano diferente al resto de los timbres de la orquesta.

Se trata, en suma, de una obra repetitiva en la exposición de la idea inicial, ya suficientemente expresada en la primera parte, y de un planteo interesante en Transit .

Eduardo Vasallo une su actividad docente a su virtuosismo en el instrumento, en el cual ha llevado una extensa carrera, a lo que debemos agregar su especial calidad personal.

 

 Sinfonía nro. 8 en do menor, de Anton Bruckner (1824-1896)

Mucho es lo que se ha escrito sobre el proceso compositivo de este opus –no enteramente comprendido en la época de que fue compuesto- para mencionar las circunstancias que hacen a su prolongada gestación y su progresiva consolidación hasta transformarla en lo que es: una sinfonía de sinfonías. Baste señalar que su grado de exigencia reside en la complejidad formal así como en la sutileza tímbrica y que –tal como sucedió en esta ocasión- no es fácil estar a la altura de esas demandas, aunque los aspectos externos hayan sido debidamente abordados.

La breve referencia del programa de mano no precisa la versión de la que se trata, que suponemos es la de Leopold Nowak.   

Mencionados de una manera muy superficial, algunos de los elementos centrales de este lenguaje son: las secciones de pregunta y respuesta; la presentación de motivos en sí breves y sencillos pero cuyo desarrollo implica múltiples expansiones, con nuevas secciones derivadas de esos motivos centrales y las respuestas a la primera parte de su desarrollo; la superposición de secciones de pregunta con las de respuesta, en distintos grupos orquestales; la inversión de motivos; el aumento –tomando en fragmentos más lentos una parte de un motivo-; la llegada a un elemento simple planteado en forma de interrogante –por ejemplo por el oboe- que conduce a una nueva variante del motivo inicial; la separación –sutil pero clara- entre dos secciones –le llamo la necesidad de la textura de respirar, incorporando breves momentos de silencio- antes de un nuevo desarrollo. Los requerimientos de fraseo de esta obra son muy específicos: una nota contiene la expectativa por un clima que sabemos que se presentará ignoramos de qué modo y bajo qué forma. Los crescendos articulados son otro recurso: comienzan en una sección, se detienen brevemente y prosiguen con la adición de nuevas voces –generalmente los metales- en una suerte de escalón del crescendo, que continúa hasta ser resuelto en una sección de respuesta. Las divisiones en la cuerda, confiriendo a cuerdas graves motivos introductorios.

Estas –apenas esbozadas- son probablemente las particularidades más notorias de un lenguaje que demanda otros elementos estilísticos: el permanente cambio dinámico y la delicadeza tímbrica.

De los muchos ejemplos posibles vamos a detenernos solamente en un par de lugares de esta interpretación: el segundo movimiento Scherzo: Feierlich, doch nicht schleppened en el cual la crucial elección del tempo marca la diferencia entre un concepto de detenimiento y otro “formulario”. No es una sinfonía que contenga pasajes rápidos por la rapidez en sí misma; no rige en ella un concepto de sonido compacto sino de gradaciones y requiere gran flexibilidad en el pasaje del motivo inicial al más lento que, luego de un desarrollo, lo sucede.   Hay versiones en las que este movimiento sugiere un simple trámite para pasar al adagio. Este fue el caso. Externamente las notas están, están los pasajes de un elemento a otro y la corrección formal, pero sin la idea de exploración que preside a toda la obra. Un ejemplo es la introducción de las arpas luego de la sección resolutiva de un motivo de respuesta, en la sección C del esquema A B A C A B A del movimiento, introcducción que pasó de manera poco notoria.

Otro lugar es en el tercer movimiento, el sublime Adagio: Feierlich, doch nicht schleppend  concebido domo un desarrollo dentro del esquema  A B A´B´A´´ que comienza con un sutil y expresivo pasaje de la cuerda que va siendo intensificado. En B, tras un muy breve crescendo se produce la entrada de las arpas y la modulación hacia una tonalidad lejana, que connota la sensación de un ascenso gradual que sugiere, como en un pasaje similar de una de las variaciones del último movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, la aparición de una luz en lo alto. Es necesario el equilibrio sonoro entre una cuerda en pianissimo para que sean audibles las arpas y un rallentando en el tempo destinado a subrayar la importancia del momento y de la modulación en el fluir del discurso. En un tempo sin cambios, y con una cuerda en mezzo piano –es decir con un problema de equilibrio entre los planos sonoros-las arpas, una vez y otra, no fueron audibles en el grado de expresividad requerida y el pasaje discurrió simplemente como uno más.

Problemas similares hubo en el movimiento final: una sección de contrapunto –en el coral del final- demasiado rápida; una veloz coda, sin posibilidad de “respiración” en un todo que fue pensado más en su carácter compacto que en la suave fluidez que, en timbres más o menos intensos, demanda esta obra capital en la historia de la música.

Se trató de una versión formalmente correcta, con la plenitud de los acordes de metales, con sus reminiscencias organísticas, la bellísima combinación del sonido de las tubas wagnerianas con los cornos; las complejas secciones en la cuerda; el bello timbre de las maderas; con algunos problemas, como el tempo del segundo movimiento, que hacen ya a la concepción del maestro Chauham y otros, como ciertos equilibrios sonoros y articulaciones en el fraseo que probablemente hubieran podido beneficiarse con un trabajo de ensayo más sutil y  prolongado.

 

 

 

Eduardo Balestena

   

a

lunes, 9 de enero de 2023

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

 


Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal

 

.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

.Director: Maestro Guillermo Becerra

.Teatro Colón, Mar del Plata, 7 de enero, hora 21.

 

            La Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata, bajo la dirección del maestro Guillermo Becerra brindó –a sala llena- su primer concierto del año en el Teatro Colón de nuestra ciudad.

            La Obertura del singspiel El empresario Teatral, (K. 486) de Wolfgang Amadeus Mozart, fue la primera del programa.

            En segundo término, fue interpretada la  Pequeña Sinfonía en si bemol mayor para nueve instrumentos de viento,  Op.216, de Charles Gounod. Sus intérpretes fueron –según la formación adoptada y de izquierda a derecha: Alexis Nicolet (flauta); Mario Romano y Ernesto Nucíforo (clarinetes); Rubén Passaretti y Marcos Tallarita (cornos); Gerardo Gautin y Sabrina Pugliese (fagotes) y Andrea Porcel y Mariano Cañón (oboes). Estructurada en cuatro movimientos: adagio/allegro; andante cantabile, quasi adagio; scherzo, allegro moderato; y finale, allegretto.

            Obra poco frecuente en el repertorio, es muy rica en inflexiones melódicas, en rápidos diálogos entre los instrumentos solistas y en vivacidad. El movimiento inicial es un allegro de sonata con temas contrastantes y la obra nunca abandona el brillo inicial, tanto en la belleza de los temas como en su elaboración formal.

            Su demandas son muchas: precisión en el armado, lirismo, limpieza tímbrica y está claramente destinada a consumados solistas. Se trató de una muy lucida versión de este bello y poco conocido opus.

            En la segunda parte fue interpretada la Sinfonía nro. 104 en re mayor, Londres de Franz Joseph Haydn.

             Última de las sinfonías del padre del género, quien le dio su base formal, al transitar prácticamente todas las combinaciones posibles, implica –como las obras del clasicismo- pureza tímbrica en sus nítidas y amplias líneas melódicas y una arquitectura precisa en los tríos de flautas oboes y fagotes, por ejemplo en el pasaje del primer tema al segundo en el movimiento Andante. Los temas iniciales aparecen casi siempre como motivos danzantes, lo que le confiere elegancia, fluidez y belleza.

            No son los compases aquello que pauta la música sino que se trata de una línea con inflexiones, como la del habla: así lo asumían las indicaciones del maestro Becerra, dándole importancia a la respiración y al pulso; antes de cada movimiento dejaba ver en su gestualidad la impronta que deseaba darle. Ello y los aspectos puramente formales que fueron pulidos en el ensayo general son indicadores de la puntualización en el trabajo.

            Ante las circunstancias que ha venido atravesando –y que aún atraviesa- la orquesta, el nivel de preparación y detalle con el que está trabajando es algo que debe ser destacado.

           

 

 

 

Eduardo Balestena

   

 

           

           

           

 

           

lunes, 21 de noviembre de 2022

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal con el Coral Carmina


 

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal con el Coral Carmina

 

.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

.Director: Guillermo Becerra

.Coral Carmina

.Director: Horacio Lanci

.Solistas: Georgina Espósito, soprano; Fernando Rocca, tenor; Facundo Domínguez Marzano, barítono.

.Iglesia Stella Maris, 20 de noviembre, hora 20.

 

La Orquesta Sinfónica Municipal –o más propiamente, lo que queda de ella- se presentó, luego de una prolongada ausencia del escenario debido a las extremadamente graves carencias en la conformación de su orgánico- junto con el Coral Carmina y solistas.

            Las Dos canciones  opus 15, de Edward Elgar abrieron el programa, que prosiguió con la Misa nro. 2 en sol mayor, D. 167 obra temprana de Franz Schubert siguió en el orden del programa. Se trata de una breve obra, para orquesta de cuerdas,  de gran musicalidad, ya desde su propio comienzo –Kyrie-; en el Gloria que le sigue, la expresividad reside en un  rápidos y precisos pasajes en el coro y toda la cuerda.

            Georgina Espósito brindó su timbre claro, duce y refinado en sus intervenciones –Kyrie, Benedictus, Agnus dei- por citar un ejemplo. Lo mismo el tenor Fernando Rocca, de un timbre cristalino, a la vez potente y delicado, así como el barítono Facundo Domínguez Marzano.

            El coro destacó en su homogeneidad en todas las dinámicas de una obra con momentos de frases extensas y una demanda de continuidad en la articulación. Horacio Lanci no sólo es un gran director sino también un estudioso de la música de una muy destacada trayectoria.

            La Sinfonía nro. 2, opus 36, en re mayor de Beethoven cerró el programa. Obra temprana sus innovaciones, sin embargo sus innovaciones son muy marcadas. Su primer movimiento (Adagio molto – allegro con brío, en re mayor), escrito en forma sonata. Su rica introducción –de una profusa elaboración en las voces instrumentales- condensa varios elementos melódicos y llega, sin transición, a un dramático segundo sujeto, para volver al material de la introducción y concluir con el clímax de la coda.

            El segundo movimiento (Larghetto, en la mayor) en forma sonata está desarrollado con dos temas amables y ricos melódicamente, enriquecida la grácil melodía de la cuerda por las maderas, en una muy cuidada elaboración.

            El tercer movimiento (Scherzo – allegro, en re mayor) es breve y enérgico, con ricas gradaciones en las maderas que  acompañan a los exigentes pasajes de la cuerda.

            La obra concluye (Allegro – molto, en re mayor) con un rondó en el cual el material temático se desarrolla rápidamente en el esquema ABA´CA´´BA – Coda en un progresivo enriquecimiento del material que concluye en una coda que se inicia con un sentido de interrogación y concluye enfáticamente con el tema inicial.

            Guillermo Becerra es un profundo conocedor del repertorio Beethoveniano y la orquesta –con refuerzos de su orgánico- obtuvo una interpretación acorde a la obra.

              Es destacable el permanente esfuerzo del Coral Carmina, ya sea en su nivel coral como en su denodado y permanente trabajo y la entrega que ello significa. Tuvo una actuación acorde a su nivel.

            En cuanto a la Orquesta Sinfónica Municipal, debe destacarse la actitud de trabajar con el repertorio de por sí reducido que puede afrontar con su más que menguada conformación. La calidad del concierto que llevó a cabo prueba que el referido  repertorio no significa exigencias musicales menores que otros.

            Sin embargo, los problemas que atraviesa –desde larga data- el organismo, están muy lejos de una solución.

            Resilium es el verbo latino que expresa la fortaleza de un material capaz de volver a su forma original luego de un fuerte impacto. De allí deriva el término resiliencia : tanto un orgánico menguado por el desinterés y las malas políticas municipales, agravado ello por los problemas edilicios y otros de variada índole, no han podido vencerla ni disminuir su calidad musical. Si en algún momento –forzosamente lejano- pueda llegar a recomponerse ello se deberá a la tenacidad y a la resilencia de todos los músicos que han venido luchando silenciosamente por ella.

 

Eduardo Balestena

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas, Coro Polifónico Nacional, coro de niños, coro mixto en el CCK


 

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas, el Coro Polifónico Nacional, Coro de niños, coro mixto en el CCK

 

.Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina

.Directora: Natalia Salinas

.Solistsa: Ricardo González Dorrego, tenor; Alejandro Spies, barítono; Walter Swarz, bajo

.Coro Polifónico Nacional

.Antonio Domeneghini, director del coro

.María Isabel Sanz, directora del coro de niños

.Sala Principal, Centro Cultural Kirchner, 18 de noviembre, hora 20.

 

             

El oratorio Turbae as passionem gregorianam 0p 43 para 3 cantantes gregorianos, coro de niños, coro mixto y orquesta, de Alberto Ginastera fue la obra abordada en el último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Fue escrita por encargo del Mendelssohn, de Filadelfia, en 1974. Tanto el comentario de Daniel Varacalli Costas, como la reseña de la obra en el programa del Teatro Colón del 19 de abril de 1980, analizan de una manera exhaustiva tanto la obra como las circunstancias de su gestación y su lenguaje, por demás complejo. Por tal razón, no voy a detenerme en la descripción de las partes que componen el referido oratorio; simplemente es dable señalar que la idea central, más allá de las distintas fuentes litúrgicas, es la idea de las “multitudes enardecidas” y el modo en que ello es expresado musicalmente de muy distintas maneras, con requerimientos técnicos también muy distintos.

El coro aborda ya un canto lírico, ya se subdivide secciones camarísticas, con pasajes extensos en registros extremos –por ejemplo los bajos- y un trabajo en tesituras disonantes, intensas, por momentos agudas y el prolongado pasaje de las onomatopeyas, que instala un clima de angustia, impotencia y confusión.

Los pasajes de las turbas –señala Pola Suarez Urtubey- causaron siempre una impresión de temor al compositor y utiliza fragmentos de los cuatro evangelios referidos a las turbas. Ello confiere a la obra una sensación de universalidad: si algo se hace evidente es este comportamiento  tan extremo como errátil de la turba, expresión que ya de por sí denota a un conjunto enardecido.

Los coros, que incluyen solistas dentro de la masa vocal están, de un modo u otro, siempre fuertemente exigidos, ya sea por los registros, la duración o el énfasis.

La concepción del sonido orquestal es, al mismo tiempo, tradicional y vanguardista –remite a la monodia del canto gregoriano tanto como a timbres disonantes- con un paisaje rítmico intrincado y cambiante. Los sonidos son tajantes, pero, al mismo tiempo, por ejemplo en las baterías de la percusión, muy delicadamente elaborados, en la sucesión de distintos elementos, sucesión que debe producirse de una manera extremadamente precisa. De una renuncia total a todo aspecto melódico, queda a los timbres puros, a los esquemas rítmicos y a la combinación de masas sonoras tan intensas como suaves por momentos, todo el peso de esta concepción musical: el resultado no es una música de reposo y consuelo, sino de permanente angustia. Por momentos de una sencillez tan intensa como expresiva en un lugar como el pedal de bajos y cellos en el momento de la crucifixión, en otros los sonidos parecen no identificables en cuanto a los instrumentos que los producen connotan algo indescifrable, producto de varias fuentes sonoras.

En tal sentido, tanto la labor de la orquesta como la de los coros –ello habla de los méritos como directores de María Isablel Sanz y Antonio Domeneghini- y los solistas fue de una total excelencia en su desempeño. La intervención más extensa fue la de Ricardo González Dorrego como el narrador; impecables también en sus intervenciones, Alejando Spies (Jesús) y Walter  Swartz (Sinagoga).  

La textura es tan intrincada y cambiante que requiere una marcación muy justa en todo momento, así como de un trabajo previo también muy preciso, ya que no parece posible marcar todo durante todo el tiempo. En tal sentido, la labor de la maestra Natalia Salinas fue excelente.

La paradoja que se presenta es la siguiente: la de una obra de contenido religioso que genera angustia, desconcierto y un eterno interrogante nunca resuelto. Una música que no es consuelo, no reconforta sino que impacta. Finalmente la fe parece ser una interrogación. En el curso de esa interrogación se nos orece una obra musical que, más allá de su contenido, vale por sí misma y se impone por elementos puramente musicales.    

  

 

  

 

 

 Eduardo Balestena

sábado, 22 de octubre de 2022

Pau Casals: el eterno círculo (a 49 años del fallecimiento del maestro)


 


Pau Casals: el eterno círculo (a 49 años del fallecimiento del maestro).

 

El 22 de octubre de 1973 fallece en Puerto Rico el maestro Pau Casals (nacido en Vedrell, Tarragona, el 29 de diciembre de 1976).

En el artículo Pau Casals: el poder de un silencio (Revista Élite)he intentado dar cuenta de las profundas convicciones del músico, de su compromiso y de las consecuencias que debió sufrir en la defensa de sus acciones e ideas, así como del exilio que hubo de padecer debido a las amenazas que recibió ante el advenimiento del franquismo. También es abordada en el texto su negativa (desde 1945) a tocar el violoncello en público (renunciando a una descollante carrera artística) como protesta ante la falta de condena de la dictadura franquista por parte de las democracias de occidente.

A la etapa en cuestión (1939-1950) se refiere el filme Pau Casals, el poder de un silencio, (de Manuel Huerga, 2017) que adquiere centralidad en dicho artículo.

 

Ideales y acciones: dos términos inseparables

“Debemos seguir nuestros ideales y si nos llevan a un callejón sin salida entonces debemos pensar que están equivocados y adoptar otros que sean mejores” dice el personaje de Thomas Paine, (interpretado por Harvey Keitel) hacia el final de la película La noche de Varennes  (Ettore Scola, 1981). El filósofo de la revolución norteamericana se refiere además a la “búsqueda de la felicidad” que la Constitución de los Estados Unidos de Norteamérica establece como principio.

Convicción y acción no podían –para Casals- encontrarse separadas; constituyen dos caras de una misma pieza: se actúa a partir de las certezas que son  inspiradoras de algo siempre mejor. Si dichas certezas oscurecen la vida, si no tienen por norte la justicia, la libertad y la búsqueda de la felicidad (una de cuyas formas más absolutas es la música, en sí misma y en lo que implica) debemos cuestionarlas. La figura de Casals importa controvertir a quienes no defendieron los valores humanos que él defendió y por los cuales luchó; aquellos quienes, tácita o deliberadamente, sostuvieron “ideales” sin salida  y no  la búsqueda de la felicidad sino la injusticia, la violencia y el dolor.

La música es una necesidad de expandir el horizonte humano, enriquecerlo, cultivarlo, compartirlo y el don de un gran músico significa un compromiso hacia los demás.

Pau Casals no sólo fue un gran virtuoso sino un filántropo, un hombre de acción y de ideas: ya en 1920 fundó la Orquesta Casals y más tarde la Asociación Obrera de Conciertos (1926), cuyos miembros podrían acceder, mediante el pago de una exigua cuota, a todos los conciertos.

Hasta 1936 –fecha de la sublevación fascista que dio comienzo a la Guerra Civil Española- grandes intérpretes y directores, como Hermann Scherchen, Ernest Ansermet y Richard Strauss, fueron invitados para actuar con la Orquesta Casals, con la cual, a modo de ejemplo del nivel y trascendencia de su actuación, fue estrenado el Concierto de violín de Alban Berg.

El maestro consideraba a la música un vehículo espiritual y una herramienta de liberación. Durante toda su vida emprendió proyectos similares (que sostuvo paralelamente a la ayuda a los refugiados), en Francia y en Puerto Rico.

 

La interpretación musical

Debo al maestro Jordi Mora varias reflexiones acerca de Pau Casals y sus ideas sobre la interpretación musical. La más extensa surge de un texto que registra las conversaciones de dos monjes músicos que llegan a visitar al virtuoso catalán en su exilio de Prada de Conflent en 1952; hemos de detenernos someramente en algunas de dichas ideas.

Lo primero que refieren es la vitalidad y el rigor de aquel hombre de setenta y cinco años que llevaba a cabo su actividad diaria con gran orden y disciplina. Diariamente tocaba al piano una pieza de Bach y emprendía largas caminatas acompañado por su perro Follet.

El primer tema, luego de la cordial bienvenida, es Bach. A los catorce años descubrió en una tienda de Barcelona un viejo ejemplar de las suites para cello que le significaron no sólo interpretarlas y darles un lugar prominente en el campo musical como una obra de repertorio –en lugar de la obra de estudio por la que se la tenía- sino, más que nada, la revelación de la obra de Bach, a quien –tal como Andras Shiff- considera el genio más grande de la música. De allí en adelante tocaría una de las suites cada día de su vida.

La música es una experiencia común entre quien la interpreta y quien  la escucha. La primera condición es la existencia de un ambiente y atmósfera adecuados, sin los cuales es difícil llegar a una buena interpretación. El de la música es un momento privilegiado, uno en el que un mensaje cobra vida, llega a nosotros y nos une con algo trascendente.

Aquello a buscar en la interpretación musical son las cosas más sencillas y olvidadas, señala, las más naturales: lo primero es que la ejecución sea vívida por medio del acento. El acento de la música debe ser como el de la palabra: ha de decir alguna cosa. Cada nota tiene su valor y su posición dentro de la frase musical. Las notas repetidas no han de ser nunca iguales, han de crecer y disminuir según el lugar en que se encuentren. El valor no siempre ha de ser ejecutado rigurosamente en la medida en que está escrito, ya que la escritura es un medio incompleto de expresión que sólo indica algunos aspectos de la ejecución, allí radica entonces el criterio interpretativo: involucra a lo formal (la obra) y a lo estético, que se manifiesta con su brillo en el momento de abordar la creación musical.

El maestro ejemplificaba su postura escuchando grabaciones de los registros del festival de 1951: el contraste entre el forte y el piano en la Pastoral para órgano en fa y los acentos del Concierto para violín en  la menor (de Bach), señalando el vigor de dichos acentos, ni duros ni secos, buscando la resonancia viva que sostiene la duración de la nota, para evitar rigideces. Todo ha de fluir, las notas han de unirse unas a otras, sobre todo las notas largas, en crescendos y decrescendos según los acentos de la melodía.

Insiste en el vigor de la ejecución y que en música no existen las repeticiones (en efecto, ante obras como las de Schubert se siente que en el elemento sucesivo se encuentra presente el efecto de lo que acaba de sonar y, aunque lo parezca, nada es lo mismo); cada elemento tiene una dicción diferente. El compás no es una indicación exacta y lo más importante es dar vida a la partitura: Mozart –refiere el maestro- abunda en repeticiones de pequeños elementos temáticos y es necesario que el director les dé variedad y gracia.

Uno de los  padres le pregunta cómo traspasar la expresividad de los instrumentos de cuerda a la orquesta. El maestro responde que ello se logra a través del fraseo: por el retardo o la acentuación de las notas, por las pausas y la duración de los sonidos. Una orquesta es un instrumento de por sí muy mecánico e impresiona en la intensidad pero en los pasajes lentos la sonoridad descansa en el pulso del instrumentista. A poco que lo pensemos, muchas obras sinfónicas constituyen un ejemplo de eso: el todo, repentinamente, descansa en un elemento determinado –un solista, un diálogo, una sección de pregunta y respuesta- y  adquiere sentido según la expresión que este elemento tenga y la aptitud para la continuidad  con otros timbres, así como el sentido global.

Ha de buscarse la expresividad natural de la música, señala en momentos en que las corrientes de vanguardia renunciaban al principio expresivo y ejemplifica con los criterios compositivos presentes en obras de su autoría, como su oratorio El pesebre. De una manera parecida a las vanguardias imperantes, la escuela alemana había establecido una interpretación muy mecánica de las obras de Bach.

El maestro Jordi Mora señala que Casals hablaba mucho de fraseo pero poniéndole otro nombre distinto a que le daba Celibidache; tal como pudimos advertirlo en el diálogo con los monjes, el maestro catalán decía “poner el acento”: toda frase nace culmina y vuelve donde culmina. La frase, entonces, es algo con sentido en sí mismo pero que se proyecta en la continuidad: probablemente el equilibrio expresivo signifique eso: aquello que es pleno en su unidad y a la vez parte de un todo que no sería lo mismo sin ese “comienzo y vuelta a donde una frase culmina.”

 

         Un círculo

Así como la música es un círculo que enhebra a quienes la hacen y la escuchan, así como la interpretación y la recepción son parte de él, hay otro que une el rigor, la estética y la misión del músico en el mundo: el legado de Pau Casals es ese círculo: el del virtuoso y el luchador, el esteta y el humanista, el que ha recibido un don y lo ofrece como una manera de que el mundo pueda elevarse por medio de la belleza, del ejemplo y de la acción.

         La ayuda a los exiliados, la causa de la paz y la formación musical son parte de ese círculo donde la belleza se une al anhelo por un mundo justo donde imperen aquellos ideales capaces de elevarnos, y el enorme mensaje de la música como una forma de la eterna búsqueda de la felicidad.

        

Eduardo Balestena


miércoles, 21 de septiembre de 2022

La Flauta Mágica: el poder de la música y la travesía por la noche de la muerte


 

La Flauta Mágica: el poder de la música y la travesía por la noche de la muerte

            La Flauta Mágica (K.620) ocupa un lugar singular en la obra de Mozart, a la que prácticamente cierra, por las circunstancias en las que fue concebida, las posibilidades de su texto de suscitar interpretaciones opuestas entre sí y, más que nada, por la música, capaz de potenciar por sí misma a estos elementos y conferir a la obra su especial encanto y carácter, uno que nunca terminamos de descifrar del todo.

Esa naturaleza cuyas últimas estribaciones son inaccesibles es lo que, tal como reza su título, la hace mágica.

 

I Más que un género popular

Hacia marzo de 1791 la situación económica de Mozart no era buena y no contaba con encargos capaces de revertirla. Fue en esas circunstancias en que recibió de Emanuel Schikaneder la comisión de escribir un Singspiel para el Teatro auf der Wieden, del cual era empresario.

Schikaneder, cantante y actor –había representado a Hamlet y además de Sheakespeare hizo obras de Göethe y Schiller- y Mozart lo conoció en Salzburgo, a donde llegó en una de sus giras, en 1780. En 1791 su compañía teatral pasaba por un difícil momento económico y el empresario necesitaba una obra capaz de atraer el mayor número de espectadores posible y pensó en un Singspiel para ello: un género popular cuyo libreto estuvo basado en el cuento Lulú o la flauta mágica, de August Jacob Liebeskind, tomado de la antología Dschinnistan, publicada por Christoph Martin Wieland en 1789, que permitía introducir efectos que resultaran atrayentes para el público al que estaba inicialmente destinado.

El Singspiel fue un género popular donde la acción discurría no sólo por medio de arias sino también de diálogos y se originó no en Alemania sino en Inglaterra, con The Begar´s Opera (1728), con libreto de John Gay (1685-1732) y música de Johann Christoph Pepush (1667-1752), músico de origen alemán que vivió en Inglaterra. Esta obra fue posteriormente representada en Alemania, donde fue asimilado el género.

Como lo hizo con otros encargos, Mozart escribió la música pensando en las habilidades de los integrantes de la compañía. Schikanader, se reservó el papel de Papageno.

Una de las circunstancias más interesantes de la gestación de La Flauta Mágica fue que –aunque hubiese sido concluida antes que la Clemenza di Tito- es percibida como la última obra lírica de Mozart que, además, prácticamente cierra el ciclo de su producción. Sin embargo, resultó coetánea con la de otros encargos que comenzaron a llegarle al compositor, tales como: el Quinteto en mi bemol mayor (K. 614); el Ave Verum (K.618), la ópera La clemenza di Tito (K.621)  solicitada por la corte real para ser estrenada en Praga con motivo de la coronación de Leopold II como rey de Bohemia, el Concierto para clarinete (K.622) y el Requiem (K.626), que, inconcluso, fue terminado por su discípulo Franz Xaver Süssmayr. Sólo una capacidad de trabajo sobrehumana pudo sostener una actividad creativa semejante en creaciones muy diferentes entre sí.

Mozart se dio tiempo para dirigir el estreno el 30 de octubre y disfrutar del éxito que inmediatamente tuvo La Flauta Mágica hasta mediados de noviembre, cuando su salud se quebrantó definitivamente.

El compositor se despidió del mundo con una obra hechizante y encantadora, llena de símbolos y diferente a su anterior producción, digno broche para un hombre que dijo llevarse a la tumba mucha más música que la que había llegado a escribir y aun así dejado un inagotable tesoro musical.

 

II “El príncipe y la rosa”

Se ha sostenido que La Flauta Mágica es una gran obra que surge de una historia tosca y confusa, con pasajes marcadamente misóginos y racistas (Pujol, Xavier “Atravesamos alegres la sombría noche de la muerte”, comentario a la edición Mozart 250 aniversario”, edit. Por Aguilar, Alvea, Taurus, Alfaguara, 2006) y que sólo la música fue capaz de convertirla en una obra maestra.

            Sin embargo, no se trata de una obra de acción dramática –y como tal no puede ser acabadamente comprendida desde el punto dramático- sino de una en la cual el propio significado pasa a ocupar el lugar central que en otras ocupa la acción.

            “El príncipe y la rosa” es el texto, incluido en el programa de mano de la versión 2019 de Juventus Lyrica, en el cual la realizadora María Jaunarena reflexiona sobre el sentido simbólico de una historia que va mucho más allá del cuento que la plasmó y de toda interpretación meramente literal.

            “Un príncipe perdido y atacado por un monstruo, una princesa a la que hay que rescatar, una reina ambivalente y poderosa, un sabio que cultiva el sincretismo y un antihéroe con un sentido común indiscutible, son los ejes constitutivos de la obra, y todos los asimilamos rápidamente porque formaron parte de nuestro propio código cultural desde la infancia y porque se remontan a personajes que pertenecen a la mitología y configuran nuestra historia desde hace siglos”, postula la directora de escena.

            Como señala Bruno Bettelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, la narración (en este caso el libreto de Schikaneder), que a primera vista se encuentra desvinculada de nuestra experiencia, en un nivel no verbal ni manifiesto es como un espejo mágico que nos refleja internamente y que implica una serie de etapas para pasar de la inmadurez a la madurez adulta, o hacer frente a un desafío y poder lograr un estado de sabiduría derivado de esa experiencia. Se trata de un camino donde primero no es posible ver claramente –no se sabe quién es el bueno ni quien el malo, ello es fruto de una revelación a alcanzar- que guarda desafíos e implica tensiones pero que termina en un final feliz, caracterizado en los cuentos de hadas por un estado de paz que durará para siempre: “y fueron felices” suelen rematar las historias y aludir a un futuro estable y sin tensiones, destinado a transcurrir fuera de nuestra mirada de lectores,  que sobreviene luego de pasar por algo crucial.

            Para que ello sea así debemos percibir el significado en un plano no manifiesto, que se encuentra fuera de la experiencia cotidiana, y que además de identificarnos con la aquella nos conecta con algo que forma parte de nosotros, “como un ADN cultural que nos constituye y nos define, lo sepamos o no”, señala María Jaunarena.

            De este modo la historia se hace mágica precisamente por eso, por vincularse a nosotros desde algo que es esencial pero que no es enunciado verbalmente, algo con lo cual nos identificamos pero que no podríamos poner en palabras, no obstante sentir una secreta e íntima afinidad que es imposible desconocer.

            Somos la mujer que se aventura a guiar a un hombre por el amor que siente por él y que ve todo con ojos de asombro y también el príncipe que comienza su camino de descubrimiento guiado por el amor de esa mujer.

            “…el príncipe Tamino se remonta a Horus, hijo de Isis, a quien a cada amanecer persigue un dios que toma la forma de la serpiente Python. Juntos simbolizan la batalla diaria del sol contra la oscuridad. También se remonta a Orfeo, quien con su lira (flauta) encanta a las fieras y quien no puede mirar (hablar) a Eurídice (Pamina). La Reina de la Noche tiene mucha similitud con Hécate, la diosa de la venganza, a quien se la representa a veces con tres cabezas o rodeada de sus tres gracias (en la obra, las tres damas). Sarastro se asemeja al gran sabio Zaratustra o Zoroastro. Y Papageno se parece mucho a Hermes o Mercurio, el mensajero, al que Homero describe como un pájaro y a quien en la iconografía se representa con una flauta de Pan. Todo este conocimiento tácito nos acerca a la historia de manera intuitiva e instantánea…Pamina, hija de la oscuridad, es la pieza clave para que Tamino se consagre al reino de la luz, porque es la oscuridad la que da valor a la luz. Perderse es la condición necesaria para que Tamino encuentre el camino de la sabiduría. Y la desesperación de Papageno ante su soledad es lo que le permite, desde las cenizas y cual Fénix, encontrar amor.”

            Del mismo modo que Sarastro había arrebatado a Pamina a la Reina de la Noche porque la tenía reservada para Tamino, Papagena estaba destinada a Papageno: como en el drama griego, el destino está trazado y sólo resta que algo ponga en marcha ese mecanismo por el cual se llega a él a través del azar de la marcha.

            La logia Rosacruciana –cuyas referencias están dadas en partes centrales y constitutivas de la obra- era no alentada ni prohibida sino tolerada durante el imperio de los Habsburgo hasta la década de 1780. Bajo el reinado del  Emperador Joseph II hubo una libertad de prensa que favoreció la publicación de  panfletos que criticaron la autoridad imperial; aunque la logia –conformada por hombres creyentes e instruidos- era absolutamente ajena a ellos de algún modo, por ser una sociedad secreta, fue responsabilizada por dichas publicaciones, lo que motivo que en 1785 el Emperador proclamara su control sobre ella, a los fines de enfriar el entusiasmo que pudiera provocar. Los sucesos de Francia influyeron en esta persecución, ya que la Logia Masónica Francesa –que encarnaría los ideales del iluminismo- había publicado un panfleto manifestado que sus ideas iluministas impulsarían la revolución. Austria procuró, de este modo, que las nuevas ideas no se extendieran a su territorio.

            La masonería, cuyos orígenes pueden ser rastreados hasta la Edad Media, pasó a encarnar los ideales del iluminismo: científicos como Newton o filósofos como John Locke, Johann Gottfried Herder o Voltaire revelan que el conocimiento prevalece sobre las relaciones de poder del Estado y de la Iglesia; indirectamente plantean el principio de nacionalismo –el libreto de La Flauta Mágica está escrito en alemán, idioma donde estas ideas son presentadas para una clase popular a la cual la historia habrá de ilustrar- y también plantean el principio de la igualdad: Tamino y Papageno enfrentan juntos las pruebas. El proceso interior de los personajes, que los hará “iluminarse” no es patrimonio de una clase social sino de quien esté dispuesto a responder a un desafío para ser una mejor persona, lo cual es un mensaje central de la obra. 

            “En aquella época la conquista del conocimiento científico no estaba del todo separada de la búsqueda espiritual, y en sus laboratorios los masones experimentaban con elementos que se asemejaban con las transformaciones necesarias para la superación personal…tanto Pamina como Tamino y Papageno sufren un desmayo, una suerte de muerte simbólica para despertar a una realidad distinta…Finalmente, una serie de sometimientos (pruebas) conducirá al Magnum Opus, que podríamos pensar como la superación.” Agrega María Jaunarena.

            El sentido simbólico es muy arcaico –en cuanto proviene del fondo de la historia- y preciso, como el de la rosa: “La cruz representa el sufrimiento, mientras que la rosa la resurrección…Pamina le dice a Tamino: ´El amor me guía. Él sembrará de rosas el camino porque las rosas están donde hay espinas´. Podríamos decir entonces que no son las rosas las que tienen espinas, sino que son espinas las que ofrecen las rosas”. Las claudicaciones y el sufrimiento nos ofrecen a la vez la belleza, una igual de frágil que la vida humana.

            Visto desde el punto de vista de lo simbólico la historia –pese a pasajes denostativos hacia la mujer o racistas- está muy lejos de ser burda y confusa y encontramos los sentidos que sepamos leer en ella, como si el relato fuera una suerte de gran molde donde pueden tomar forma nuestras peripecias en el mundo y brindarnos la sensación de que podemos responder a un desafío por ser fuertes y estar decididos a tomar el riesgo, que ese desafío será crucial porque no sólo nos permitirá superar una situación sino también lograr un estado de sabiduría.

            Los acordes finales de La Flauta Mágica celebran esa sabiduría y ese valor. Tienen una función derivada de la propia historia y de su propia belleza. 

           

            III Una concepción musical de síntesis

            III I En La música como discurso – Aventuras semióticas en la música romántica (Traducción de Music as discourse, Eterna Cadencia, Buenos Aires, 2012), el prestigioso musicólogo Kofi Agawu postula distintos criterios de análisis de los cuales resulta pertinente citar al menos los referidos a los Tópicos y a la Periodicidad.

            De este modo, los contactos de la música con aspectos de la vida como lo ceremonial, la danza, la caza, las obras musicales previas, a comienzos del siglo XVIII consolidaron un paradigma de motivos característicos que pueden ser encontrados en distintas obras y que vinculan las necesidades de la creación con los sentidos previos capaces de hacerlas significativas para el oyente. El paradigma va perdiendo vigencia a medida que la subjetividad romántica se expande y establece otras necesidades y aspiraciones que van separando la experiencia musical de aquella que tenía sentido durante el clasicismo y el Sturm un drang.

            Este criterio resulta vigente para acercarnos al valor de la creación Mozartiana. En efecto, las arias de la Reina de la Noche (recitativo y aria O zittre nicht, mein lieber Sohn, del primer acto, y Der Hölle kocht in meinen Heizen, segundo acto–en re menor, tonalidad asociada a la muerte y el drama- , rápidas y crispadas, en staccato, provienen de la ópera seria. Las de Tamino y Pamina –más lentas, como Tamino  mein! O weich ein Gück!, del segundo acto) de articulaciones suaves y que transcurren mayormente en el registro medio- siguen el esquema de liderazgo del tenor y de la soprano que actúa por un fuerte sentimiento amoroso, en líneas que irradian nobleza y fidelidad de uno hacia el otro, como en aria del retrato (Dies Bildnis ist bezaubend, primer acto), en mi bemol mayor, la misma tonalidad del leimotiv del anhelo de amor, de Tristán e Isolda. Papageno, en cambio, aborda una sencilla y efectiva melodía del canto popular (Der Vogelfänder bin ich), del primer acto, primero expuesta en su totalidad por la música. Las intervenciones de Sarastro (como O Isis und Osiris, del segundo acto), lentas, solemnes y profundas, que discurren mayormente en la zona grave del registro y que parecen trabajar sobre un núcleo temático que va siendo transformado de uno en otro pasaje, evocan el himno religioso.

Una de las partes más representativas de este uso de un paradigma sonoro está dada por el  pasaje de los guardas (Der, welcher wandert diese Straße del segundo acto), Tamino y Pamina, donde se cita un coral de Bach y la cuerda interviene de una manera muy elaborada, con diferentes entradas y un cambio en el desarrollo a partir de la decisión de Pamina de acompañar a Tamino. Cabe recordar que en su análisis de la sonata nro, 30 de Beethoven, András Schiff hace notar que en el siglo XVIII y parte del XIX la música de Bach no era asiduamente ejecutada y sólo accesible en colecciones privadas, con lo cual, es dable suponer que tanto Mozart como Beethoven debieron investigar la música de Bach al citarla o basarse en ella.

            Situados dentro del marco significativo del motivo masónico, que forma parte del paradigma mozartiano, ya que el compositor escribía música para las celebraciones de la Logia, y respondiendo a la idea de que las tres puertas que aparecen en la obra (Razón, Naturaleza y Sabiduría), Tamino es la voz de la razón, Pamina la de la naturaleza y Sarastro la de la sabiduría.

            Distintas tonalidades, registros y lenguajes para conformar las diferencias entre los personajes en una obra que, sin embargo, mantiene unidad 

            III II La periodicidad, “en tanto el período es un marco regulador cuya función es organizar el contenido musical” (Kofi Agawu, obra citada, pág. 138) es otro de los criterios de análisis musical.

            Los períodos funcionan como elementos de sentido articulados en un discurso que expresan diferentes partes de un significado total, tal como el discurso verbal se expresa en oraciones –cortas o largas-, párrafos e imágenes.

            III III Tomemos la obertura –en mi bemol mayor, la tonalidad del misterio empleada en el Oro del Rin- por ejemplo.

III III a Comienza con tres acordes que representan los llamados del iniciado a la puerta para trasponerla  y adentrarse en el misterio y la resolución de un enigma. A lo largo de la acción, lo mismo que en la obertura, ésta –al darse cumplimiento a las pruebas impuestas- será interrumpida por estos tres acordes.

            III III b Luego de los tres acordes viene un motivo introductorio que no presenta ningún tema, simplemente plantea un clima de expectativa que discurre y se intensifica en pasajes de las maderas, con el registro grave de las cuerdas como soporte –lo que intensifica la expectativa- que concluye con un pasaje del clarinete que rompe ese clima en el anuncio de algo que sucederá inmediatamente después.

            Podemos tomar esta secuencia como un período con una función: abrir el universo sonoro e introducirnos en él, pero no podría separarse el segundo pasaje del primero (los golpes del iniciado en las puertas) porque marcan el primer pasaje en forte y funciona en sí mismo como el comienzo de la obertura. Función y ubicación coinciden –no siempre es así, particularmente en el post romanticismo- : es el puro comienzo de la obra donde no se sabe qué sucederá.

 

            III III c Luego de lo que podemos llamar ese primer período surge un motivo descendente y fuertemente rítmico en la cuerda que podría ser también el  comienzo –la obertura podría tranquilamente comenzar allí si no fuera precisamente por el simbolismo de los tres golpes que interrumpen el discurso y que se enuncia al comienzo de todo- lo cual nos lleva a pensar que el primer periodo es una construcción destinada a enmarcar y enfatizar algo.

            Este segundo período, desarrollado como un fugato, es decir de manera seria y solemne a la manera de la tradición musical de Bach, introduce algo nuevo, un tema grácil y cantábile que plantea el otro elemento central de la obra. Si los golpes simbolizan el acceso a la sabiduría y a las pruebas, este elemento simboliza la inocencia del iniciado y su  determinación y es el primero netamente musical porque introduce un tema que se puede cantar.

            Luego de una exposición del tema en el fugato se suman las cuerdas, el tema gana en gracia y flexibilidad y luego de ese breve desarrollo vuelve al elemento expositivo inicial, luego enriquecido por el oboe, en una insistente  alternancia con las cuerdas.

            Concluye así el segundo período.

            III III d Al finalizar este desarrollo temático se suceden nuevamente los tres acordes que interrumpen no ya ese motivo, el cual fue perfectamente resuelto, sino el fluir musical.

            El tema anterior es expuesto nuevamente pero al parecer en otra tonalidad –una oscura-  por la cuerda en un registro medio que parece navegar en un estado de perplejidad que es una especie de continuación de la manera abrupta en que los tres acordes irrumpen: no se sabe que van a significar y la cuerda se alinea en ese sentido.

            No obstante, una frase ascendente de las maderas –digamos un episodio dentro del tercer período- cambia sutil y súbitamente el humor de la melodía y la cuerda vuelve a exponer el material inicial pero en forte.

            Luego de un breve silencio el tema vuelve pero ya instalando un humor distinto y anunciando la inminencia de la acción. Una figuración en las maderas parece retardar esa revelación prometida y funciona como un modo de crear expectativa en torno a una acción inminente. Hay un desarrollo amplio de este material que permite concluir que cada vez que se plantea un elemento temático este no se agota en la enunciación sino que su sentido es –en cada período- subrayado por un desarrollo muy rico, tímbrica y temáticamente.

            Tras la sección conclusiva, sin otro aditamento, comienza la acción. Estará signada por una diversidad de elementos, muy diferentes entre sí, en los cuales la música tendrá otros cometidos diferentes a expresar el sentido: subrayará, acompañará, creará climas. Una música siempre bella, intuitiva y sorprendente, ajustada a las funciones que habrá de cumplir pero que tiene en la obertura su antecedente, uno capaz de expresar tanto la impronta de la obra como su significado.

             

 

IV El poder de la música

La Flauta Mágica contiene símbolos y ella, en sí misma, es un símbolo: Cómo puede un hombre, a las puertas de su propia muerte, producir una obra tan luminosa y rica que es lo que es por esa circunstancia y por aquellas en las cuales fue escrita.

El genio, eso que guarda huellas de todo pero que no es asimilable a nada, que en sí no coincide con nada ni en nada puede insertarse porque a nada, más que as sí mismo, puede pertenecer es aquello que más que tener Mozart tuvo a Mozart. Lo tuvo y lo retuvo hasta el final y lo hizo ser lo que es.

Sólo así la música puede tener la fuerza necesaria para convertirse en algo mágico, como le dice Pamina a Tamino (Tamino mein! O welch ein Glück!): “Por el poder de la música, atravesaremos alegres la sombría noche de la muerte.”

Mozart nos permitió atravesar la sombría frontera y cubrir de magia su propia sombría muerte.

                                   

Referencias:

.Agawu, Kofi “La música como discurso. Aventuras semióticas en la música romántica” . Eterna Cadencia, 2012

.Casullo, Eduardo “Producción de Juventus Lyrica” (Comentario a La Flauta Mágica), Asociación de Críticos Musicales de la Argentina.

.Heaston Michael “The Magic Flute – pre opera talk. Dallas Opera

.Jaunerena, María, “El Príncipe y la Rosa”, en el programa de la producción de Juventus Lyrica.

.Lang, Paul Henry “La Música en la civilización occidental. Eudeba, 1979

.Pujol, Xavier “Atravesaremos alegres la sombría noche de la muerte”, en La Flauta Mágica, edición 250 aniversario, 2006, Aguilar, Taurus, Alfaguara.

.Reveles Nick “San Diego opera talk Mozart´s The Magic Flute.

 

 

Eduardo Balestena