martes, 1 de septiembre de 2026

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires


 

 

.Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

.Director: maestro Srba Dinic

.Solista: Aristo Sham, piano

.Teatro Colón, Buenos Aires,  29 de agosto, hora 20.

 

            Bajo la el título Dos miradas de Rusia la Orquesta Filarmónica de Buenos se presentó en el Teatro Colón, dirigida por el maestro serbio Srba Dinic.

 

La Sinfonía nro. 15, en la mayor, opus 141 de Dmitri Shostakovich (1906-1975) fue interpretada en la primera parte del programa.

Obra enigmática y musicalmente compleja en su formulación musical, el primer movimiento, Allegreto, comienza con un solo de piccolo a partir del cual comienza un desarrollo temático de elementos incisivos, diferentes entre sí, en las distintas secciones, en esa atmósfera circense tan propia del autor. La intervención de las distintas secciones construye un volumen sonoro sumamente expansivo, en el cual la cita de Guillermo Tell, de Rossini, en distintos registros aparece como un material recurrente y a la vez contrastante, también así es presentado el motivo inicial.

 El Adagio – Largo – Adagio – largo respeta el esquema tonal habitual del segundo movimiento de las sinfonías, ya que está en modo menor, comienza con un solo de cello y sigue como una suerte de coral en los metales. El pasaje de las cuerdas apenas comienza la segunda intervención del cello recuerda al adagio de la quinta sinfonía del autor. Es una de las pocas concesiones a la belleza melódica –seca y con acordes disonantes- que hay. Es de una belleza despojada y enigmática, que sugiere una marcha fúnebre. La pregunta que nos formulamos es la misma que con la Eroica, ¿A quién está destinada la marcha fúnebre? ¿Quién es el héroe? Podemos pensar que está dedicaba a la vida y a la sinfonía como género musical. El movimiento es rico en la alternancia tímbrica y dinámica –del piano al forte en un mosaico de timbres-.

El cuarto movimiento,  Adagio-Allegretto-Adagio-Allegretto en la mayor comienza con una cita de Amanecer y Viaje de Sigfrido por el Rhin, de Wagner a la que sucederán otras, una de ellas será el comienzo del preludio de Tristán e Isolda, con lo que ello musicalmente implica: pasar de un lenguaje cromático a un esquema tonal diferente y también a un esquema rítmico ternario y a otra índole de fraseo. La sensación es que al mismo tiempo que son evocadas diferentes obras y sus significados, no hay un camino claro a seguir: o se trata de una exploración (¿a dónde llevará finalmente esta idea?) o del ocaso de la forma sinfónica. Sea como fuere, se trata de una obra de grandes demandas, compleja rítmica, dinámicamente y en sus muy diversos registros.

 

En la segunda parte, fue interpretado el Concierto nro. 3, para piano y orquesta en re menor, opus 30, de Sergei Rachmaninov (1873-1943) actuando como solista Aristo Sham.

En comentarios anteriores de esta obra comencé señalando que “Se trata una de las obras más extensas, virtuosas y técnicamente difíciles para piano y orquesta”. Solamente puede ser interpretado por un gran pianista, dada la complejidad de la obra, no solamente en sus aspectos dinámicos, en los breves fragmentos melódicos, que surgen a partir del sencillo material del comienzo y el diálogo con la orquesta.

Además de esas señas de identidad es necesario subrayar su permanente transformación motívica, con modulaciones que nos permiten asistir a un material que se expande permanentemente y que siempre nos parece distinto. La variación es un aspecto esencial: elementos tomados de diferentes partes del motivo inicial son expandidos convirtiéndose a su vez en otros. No resulta sencillo reconocer las distintas partes de la forma sonata ampliada del primer movimiento, por ejemplo, debido al permanente cambio.

 

            El tema del intermezzo-adagio, es un desprendimiento del motivo inicial y en la presentación del segundo tema se produce no solamente un cambio de una melodía flexible a una estructura fuerte, sino que también hay un cambio a la tónica. El  tema con variaciones concebido en una forma ABACA y no es para nada un movimiento lento. Rachmaninov utiliza aquí técnicas que llevaría a la Rapsodia sobre un tema de Paganini (1934): el tema expuesto en forma más rápida y compacta, con el agregado de notas; el desarrollo de episodios tomando un intervalo de una parte; la aparición de notas que subrayan partes del tema y omiten otras  y el enriquecimiento por   la orquesta, que lo toma y expande, también de diversas maneras, todo ello a lo largo de un extenso y cambiante desarrollo que conduce y se resuelve, casi sin solución de continuidad.

 

En el Finale alla breve, que sigue sin solución de continuidad al movimiento central, de gran fuerza, es una forma sonata modificada que recapitula sobre el tema del primer movimiento y utiliza, para marcar sus distintas secciones, un estribillo que aparece dos veces, una luego del desarrollo inicial y la segunda previa al final; contrasta con el resto del material y es a la vez una suerte de pausa con un llamado de atención a lo que vendrá, que es un desarrollo ulterior sobre el primer tema. El concierto es rapsódico, libre en su forma y a la vez riguroso en el tratamiento del material.

 

Aristo Sham es un pianista ampliamente galardonado y de mucha experiencia con distintos organismos orquestales. Ha estudiado en Harvard su maestría en el Conservatorio de New England; en su repertorio se encuentra el registro completo de las obras para piano de Brahms. Su registro de este concierto fue enérgico y vigoroso, ante esos acordes macizos y plenos que alternan con momentos de lirismo.

 

La dirección del experimentado maestro Srba Dinic fue muy clara y precisa, tanto en los permanentes cambios dinámicos como en la marcación de las distintas entradas instrumentales, que anticipaba con la indicación de los compases faltantes para cada una de ellas. Tanto la orquesta como el solista lograron bajo su batuta una excelente versión de uno de los conciertos para piano y orquesta más difíciles y entrañables.

 

            Fueron muy emotivas las palabras de despedida del maestro al flautista Claudio Barile, que pronunció, en su último concierto tras 52 años en la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, un sentido discurso de despedida de ese organismo.

 

 

 

Eduardo Balestena