jueves, 29 de octubre de 2026

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires


 


.Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

.Director: Manuel Hernández-Silva

.Solista: Julián Medina, contrabajo

.Teatro Colón, 24 de octubre, hora 20.

 

           

En su concierto del 24 de octubre, la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, dirigida por el maestro Manuel Hernández-Silva, contó con la actuación solista de Julián Medina en contrabajo.

 

El programa incluyó en primer término, en estreno americano, la obra En camino sinuoso, de Daniel Freiberg (1957) comisionada por la institución Studentenwerk Freiberg, el concepto del opus es el de connotar un recorrido por los países y por la historia, por medio de la alternancia de diferentes ritmos, dentro de un marco de música académica y con un trabajado manejo orquestal.

Distintos ritmos forman parte del discurso, que alterna desde uno sinfónico terso y homogéneo a intervenciones de instrumentos como la batería, alternando asimismo con ritmos folklóricos, con prevalencia, hacia el final de patrones de compás de acentuación asimétrica, y de acentos propios del tango, en un contexto en el cual estos elementos son presentados en una continuidad que nunca es abrupta.

Se trata de una suerte de derrotero a partir de ritmos muy diferentes entre sí, con un manejo refinado de la orquestación.

 

La segunda obra de la primera parte fue Divertimento concertante para contrabajo y orquesta, de Nino Rota  (1911-1979)

Muy diferente a sus trabajos para filmes (como la inolvidable música de Il Gattopardo) el divertimento comienza con un Allegro en una concepción tradicional, donde luego del tema introducido por la orquesta y posteriormente tomado por el instrumento solista; después del diálogo con el oboe y una elaboración del material temático, concluye con una cadencia del solista. El segundo movimiento Marcia, Alla marcia ellegremente está marcado por las incisivas intervenciones de las maderas y de las cuerdas en pasajes descendentes con un material repetitivo. El tercer movimiento Aria. Andante está dado en un tema que introduce el instrumento solista y que es trabajado por las distintas voces a lo largo del desarrollo del movimiento. El Finale. Allegro marcato es desarrollado a partir de un diálogo con las maderas e intervenciones del instrumento solista con el uso doble de cuerdas. Finaliza con una cadencia solista.

El carácter de una música más de ejercicio o de estudio que de una elaboración en relieves musicales profundos, la exploración o la narrativa, es la impronta de un trabajo destinado a la expansión del instrumento solista. En tal sentido, la interpretación de Julián Medina fue por demás destacada en el dominio de las posibilidades del instrumento. Formado en la Academia del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, ha actuado en diferentes orquestas y como solista, habiendo obtenido numerosos reconocimientos en el país y en el exterior.

 

La segunda parte del concierto dio comienzo con la Marcha eslava, opus 31 de Piotr Illich Tchaicovsky (1840-1893) que alterna tres canciones serbias y un himno ruso, fue abordada en el comienzo –que suele ser a un tempo moderado- a un tempo rápido, lo cual incide en el posterior de las partes más rápidas que se suceden y hacen la interpretación todavía más exigente en la precisión que requieren los temas en sí y en la mayor velocidad que demanda la ejecución, que dio a la obra un efecto muy compacto y vibrante.

 

El poema sinfónico Francesca da Rimini, fantasía a partir de Dante, opus 32, de Piotr Illich Tchaikovsky fue la última de las obras del programa.

Inspirada en el Canto V de la Divina Comedia de Dante, más allá de lo que connota musicalmente, surge en lo puramente musical que hay un centro tonal en el modo menor –principalmente en mi menor-  y las sonoridades graves y descendentes plantean –ab initio- un clima trágico e inquietante. A una introducción descendente de la sección grave de la cuerda sucede un fuerte acorde de los bronces y luego el tema es extendido hasta el advenimiento del siguiente. De allí en más, los motivos se sucederán planteando un clima tenso y de inminencia, serán breves, claros, contundentes.

Eso es solo el principio, asistimos a una manifestación virtuosa de la orquestación, que alterna con fragmentos de muchos relieves en las distintas secciones de las cuerdas, que, de un instante a otro, cambia en elementos muy sutiles: por ejemplo, a un leve ascenso en un pasaje de los cellos sigue un breve descenso, en un paisaje musical siempre tensional. El único momento de calma es la aparición de la voz de Francesca, representada por el clarinete, acompañada de un pasaje terso y homogéneo en los violines, que entonan un bellísimo motivo en una forma interrogativa (la resolución del pasaje se demora, de compás en compás, y va cambiando en una extensión del motivo inicial). Todo motivo conduce a una transformación, tras la cual surge algo sorpresivo. Se trata de un discurso de muchos relieves.

La orquesta brilló en un sonido tan sutil y delicado como poderoso en los grandes pasajes de los metales. El maestro Hernández-Silva, director musical y artístico de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia, con una muy destacada carrera en su haber, como conductor en distintos países y ganador de premios como el del Concurso Forum Junger Künster, organizado por la Orquesta de Cámara de Viena, brindó no solo una excelente versión de este poema sinfónico, sino también de obras de muy diferente carácter.

  

 

 

Eduardo Balestena

Concierto de la Orquesta Académica del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón


 



Orquesta Académica del Teatro Colón

.Director: maestro Diego Censabella

.Solista: Iván Rutkauskas, piano

.Teatro Colón, 24 de octubre, hora 17.

 

           

Bajo la dirección del maestro Diego Censabella y la actuación solista de Iván Rutkaukas en piano, se presentó la Orquesta Académica del Teatro Colón con un por demás interesante programa dedicado a la música rusa, con dos obras que –salvo su esencial complejidad- son muy diferentes entre sí.

 

El Concierto nro. 1 para piano y orquesta, en re bemol mayor, opus 10, de Sergei Prokofiev (1891-1953) fue la primera obra del programa.

            Escrito para su presentación al concurso Rubinstein, cuando el compositor tenía 22 años, comienza, con un Allegro Brioso, luego de una breve intervención orquestal, con el tema en re bemol, armónicamente denso –que servirá como elemento de unidad- que lleva a un rápido solo de piano en do, transición muy notoria.

            Se trata de una obra rápida, precisa y exigente, con pasajes, en la breve sección lenta, que nos evocan al futuro ballet Romeo y Julieta.

            La bella y breve sección central, en mi menor, conduce nuevamente al elemento inicial. 

El Andante assai siguiente, en sol sostenido menor, es muy bello y evoca –en el modo menor- la misma sensación de angustia que la breve sección central del movimiento anterior. Es muy original la parte conclusiva, con cierta indefinición tonal y un descenso arpegiado en el piano, dando la sensación de algo no enteramente resuelto.

Allegro scherzando es el tiempo del movimiento final, también muy rápido y exigente. El material inicial es modificado, expandido, pero reconocible y se produce un frenético accelerando que conduce al tema inicial.

Iván Rutkaukas, pianista de una gran trayectoria, nacional e internacional y docente de música de cámara del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, ha abordado distintos repertorios. En este caso logró una excelente versión de un concierto que, en su brevedad, cuenta con numerosas dificultades, en pasajes siempre rápidos y en un diálogo cerrado con la orquesta.

 

 

Cuadros de una exposición, de Modest Mussorgski (1839-1881) en la versión orquestal (1922) de Maurice Ravel (1875-1937) fue la obra que siguió en el orden del programa.

Anticipado a su tiempo, Mussorgsky sentó las bases del lenguaje que la música adoptaría en el futuro: asperezas armónicas, escalas modales, escalas de tonos enteros, polirritmias y un uso del acervo musical ruso, más que nada en los ritmos.

A la muerte del pintor Víctor Hartmman, sus amigos organizaron una exposición de sus cuadros. De esa experiencia surgió la original suite de Mussorgski. El programa musical consiste en el recorrido de la exposición y las impresiones subjetivas que los cuadros producen en el músico. Su idea compositiva no estaba afiliada a la música pura sino al programa musical.

El número inicial, Promenade, representa ese recorrido y se presenta varias veces de diferentes modos, con distintos timbres instrumentales.

Ravel verdaderamente reelaboró el original para piano y llevó el concepto musical al máximo de sus posibilidades, rescatando el color y la riqueza tímbrica y los cambios dinámicos.

Huelga decir que se trata de una muy demandante en su interpretación, hay líneas cruzadas entre las distintas secciones, cambios permanentes, un caudal de intensidad muy grande, por ejemplo en La gran puerta de Kiev, el número final. Las líneas trabajan por acordes arpegiados con voces divididas entre varios instrumentos, para los números oscuros y fantásticos el autor se vale de escalas de tonos enteros, no obstante lo cual, el conjunto tiene una fuerte unidad, basada más que nada en que todo es igual de original.

El cambio es permanente, en las gradaciones sonoras, los motivos y las exigencias. Cada acorde inicial de un nuevo motivo es presenta de modo repentino y preciso y la orquesta, en esa diversidad de intervenciones, debe funcionar como un todo.

La dirección del maestro Censabella, maestro interno de repertorio del Teatro Argentino de La Plata, ha dirigido numerosos organismos orquestales. Es compleja la marcación de una obra de la complejidad de Cuadros de una exposición, que abordó con todos sus desafíos con una orquesta muy preparada que estuvo a la altura de un repertorio de las características del abordado.  

 

Eduardo Balestena

lunes, 26 de octubre de 2026

Rigoletto en Juventus Lyrica


 

 

Rigoletto, opera en tres actos (1851)

Música: Giuseppe Verdi (1813-1901)

Libreto: Fracesco María Piave (1810-1876)

Basada en la obra Le roi ´s amuse, de Víctor Hugo (1802-1885)

 

Elenco:

Rigoletto, Fernando Grassi, barítono; Gilda, María Lucía González, soprano; Duca: Nazaret Aufe, tenor; Sparafucile, Cristian de Marco, bajo; Maddalena, Eugenia Fuente, mezzosoprano; Monterone, Víctor Chavez, bajo;  Giovanna, Lucía Alonso, soprano; Borsa, Hernán Quinteros, tenor; Ceprano, Santiago Tabliabue, bajo; Marullo, Santiago Barcala, barítono; Condesa Ceprano, Lucía Alonso, mezzosoprano; Paje, Sol Sánchez Polverini, mezzosoprano.

Coro de Juventus Lyrica, preparador, Pablo Manzanelli

Dirección Musical: André Dos Santos

Orquesta de Juventus Lyrica

Preparación musical: Susana Cardonnet

Dirección actoral y puesta en escena: María Jaunarena

Diseño de maquillaje y peinado: Silvana Caruso

Vestuario: María Jaunarena

Escenografía e iluminación, Gonzalo Córdoba

Teatro Avenida, 23 de octubre, hora 20

 

            La “tinta musical”, así era definido en la miniserie La vida de Verdi (1982) de Renato Castellani, el talento verdiano de ir a lo medular en la música y el canto y llevarlos al límite más alto de sus posibilidades.

            Hemos de apropiarnos de la frase y trasladarla al puro drama escénico, hecho de concisión, intensidad y máximo aprovechamiento de los recursos a utilizar para llevar a cabo las alternativas del desarrollo del drama una vez que éste se desencadena a partir de la maldición de Ceprano, que pone en marcha un mecanismo digno de Sófocles. No hay duda del papel de Piave en este logro.

            En este pasaje sin concesiones, indetenible y rápido, cada elemento debe ser brillante y a la vez funcional y marchar como un mecanismo, aceitado y sin fisuras.

 

            La tinta musical

El drama es anunciado ya desde el propio preludio, que comienza con un motivo repetitivo en los vientos y timbales, con terceras descendentes en el tercer compás y  desarrolla un motivo con mayor densidad armónica ya a poco de comenzar. Desde el barroco, las terceras descendentes son símbolo de muerte y de dolor.

La música trabajará con las diferentes intensidades dinámicas que acumulan una tensión que se desencadena en un acorde resolutivo, solo para volver a comenzar el ciclo, una vez y otra.

Esto contrastará violentamente con el comienzo de la acción, con un minuetto  que, acertadamente, María Jaunarena vincula al de la fiesta en casa de Don Giovanni, en la ópera de Mozart.

El código verdiano se vale de pasajes ascendentes de notas acentuadas en los momentos dramáticos, como la maldición, de pasajes de semicorcheas y tríadas en los violines, pero según la situación dramática, un breve cambio en la altura disipa la tensión y conduce a otra cosa. Todo es rápido y sin solución de continuidad.

La música tiene una función eminentemente narrativa, además de connotativa de los climas. La orquesta trabajó siempre en esta discursividad muy precisa, con indicaciones del director a los cantantes en todo momento. Nunca dejó de trabajarse dentro del concepto de una unidad de música, voces y movimientos, máxime en una ópera en la cual cada parte es por demás bella y conocida.

Todos los momentos fueron acabadamente logrados, un ejemplo el de la tempestad, que comienza a gestarse con un pasaje de flauta en uno de los momentos más tensos y, al compás siguiente, es mencionada por Sparafucile, y sugerida por un pasaje grave de las cuerdas. El coro a boca cerrada la acentúa pero a la vez connota el drama de lo que sucederá. Lo que subraya no es solo un evento climático sino algo mucho más oscuro.

Son rápidos los cambios, de sentido, de climas, y por consiguiente las fluctuaciones dinámicas y los acentos. La música fluye, cambia, plantea, resuelve en pasajes a veces abruptos en una orquesta que funcionó con total precisión.

 

Canto y voces

Fernando Grassi, compuso su papel de Rigoletto, así como María Lucía González el de Gilda, de una manera tan poderosa que el dramatismo que suscitaron fue más elocuente que la propia convención que es la ópera.

Lograron momentos profundamente conmovedores en una actuación vocal de intensidad y musicalidad. Rigoletto maldice a los cortesanos y luego les ruega, en un cambio repentino y desesperado.

Nazareth Aufe encarnó al Duca, para quien los excesos, la adulación y la violencia hacia los demás son lo natural de su posición dominante, con un canto de amplia musicalidad y una emisión más cómoda en el registro medio que en el agudo y su proyección en los momentos de mayor exigencia en volumen y proyección.

Christan de Marco fue un siniestro Sparafucile, con timbre profundo, de gran sonoridad y protección.

Víctor Chavez fue Monterone, con una voz admonitoria, grave y profunda y una presencia escénica poderosa. María Jaunarena traza un paralelismo entre este personaje y el de Il commendatore, en Don Giovanni, en un caso es quien desencadena el drama y en otro el instrumento de la venganza

Todas las arias, duetos y coros de Rigoletto son de antología, como por ejemplo el famoso cuarteto del final Un di, se ben rammentomi (que era la cortina final de la miniserie La vida de Verdi) en el que Eugenia Fuente, la talentosa mezzosoprano pudo lucir la potencia y musicalidad de su canto. Dos planos en un mismo espacio, con dos líneas de cantos con significados totalmente diferentes y un camino sin salida para Gilda. La fuerza proviene del sentido tanto como de la propia belleza de un canto en estos planos de oposición.

Igualmente lograda due la actuación del coro, homogéneo y a la vez audible en cada voz, en pasajes tan bellos como zitti zitti mouviamo vendetta.

 

La puesta

La concepción escénica tuvo como eje principal la existencia de dos mundos superpuestos, el del poder sin conmiseración y el de los dominados, que lo son también sin conmiseración. El placer absoluto a costa del cometimiento y el drama en estado puro.

En el primer aspecto, el desenfreno –basado en la dominación- no reconoce límite alguno y si la profecía funciona es por la cuestión moral, pero fallará y recaerá sobre quienes son víctimas. El Duca seguirá entonando su canto y engañando una y otra vez porque el poder nunca muere.

El puro drama, requiere de los movimientos de la máquina teatral, pues consiste en acciones. De este modo, una estructura móvil es a la vez el espacio de una casa y aquel otro en el que acechan los perseguidores o bien, una simple pared divide el exterior de la posada, donde se encuentran Rigoletto y Gilda, del interior, donde conspiran Sparafucile y Maddalena.

La prerrogativa del Duca es pasar de uno a otro mundo como algo sobre lo cual tiene el completo dominio. La profecía no lo alcanzará.

El vestuario –así como la iluminación- es un elemento nodal en la caracterización de los personajes y de las situaciones y es dable señalar el cuidado puesto en él.

Rigoletto es una ópera exigente desde lo musical y lo escénico para que pueda lucir en todo su esplendor la originalidad y el logro de su genial concepción.

 

Eduardo Balestena

domingo, 20 de septiembre de 2026

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional en homenaje al maestro Pedro Ignacio Calderón


 

.Orquesta Sinfónica Nacional

.Director: maestro Emmanuel Siffert

.Solistas: Jaquelina Livieri y Esteban Calderón

.Palacio Libertad, Auditorio Nacional, 18 de septiembre, hora 20.

 

            En su presentación en homenaje al maestro Pedro Ignacio Calderón, la Orquesta Sinfónica Nacional abordó obras de diferentes postulaciones estilísticas en un inusual programa.

 

            La primera de ellas fue Estallido Lunar de David Gompper, pianista, director de orquesta y compositor de muy extensa y destacada actividad internacional, que, dentro del sistema tonal, se desarrolla en una sucesión de atmósferas sonoras, en un gran orgánico orquestal, con instrumentos en registros poco usuales y en citas de otras obras (como el Claro de Luna de Debussy).En un contexto de pasajes no funcionales formalmente sino desarrollados en función puramente expresiva, nos lleva a una frontera del sistema tonal. Ante esta obra y Estallido Solar, (disponible en Youtube con la dirección del maestro Siffert con la Royal Philarmonic Orchestra) que forma parte de un tríptico integrado además por Estallido Estelar, es imposible no recordar la Suite los planetas, de Gustave Holst, que responde a un lineamiento de base similar en cuando a la creación de atmósferas vinculadas a la exploración tímbrica en un todo de gran precisión formal.

           

            Le siguió en el orden del programa Imagen-Tiempo, de la compositora Eva García Fernández, ganadora del primer premio del Concurso de Compositoras Latinoamericanas de Sao Paulo, según la completa referencia de la página web del Palacio Libertad, es una “búsqueda y experimentación en relación al tiempo, que parte del concepto imagen-tiempo de Gilles Deleuze”.

            En lo musical, son reconocibles distintas métricas y ritmos folklóricos, como la chacarera, o timbres, como el del bombo, en una textura rítmicamente compleja en cada sección de la orquesta, con un potente resultado sonoro, de voces instrumentales destacadas y de gran intensidad.

            La interpretación fue el estreno argentino de esta obra.

 

            A subtle chain, (Una cadena sutil) de Alex Mante, también en estreno internacional es una serie de cinco canciones sobre poemas del filósofo trascendentalista Ralph Waldo Emerson, que fue estrenada en abril de 2024 Théâtre des Champs-Elysées.

            Se trata de cinco canciones de hondo significado filosófico en las cuales resultó evidente el dominio de todo el registro vocal de Jaquelina Livieri, ya que la primera de las canciones (Brahma) comienza en lo más grave de su registro dentro de exigencias dinámicas que llevan su línea de canto tanto a registros agudos con notas prolongadas como a un cambio de intensidades. Las bellísimas letras de los poemas se traducen en las inflexiones de un canto que connota una intimidad reflexiva en determinados lugares un énfasis en otros.

           

            La segunda parte dio comienzo con la interpretación solista del destacado bandoneonista Esteban Calderón de Adios Nonino, de Astor Piazzolla, acompañado por la orquesta, en lo que fue una excelente versión de una de las obras más representativas de Astor Piazzola

 

            La consagración de la primavera (1913) de Igor Stravinsky (1882-1971) cerró el programa.

            Obra capital en la historia de la música, uno de los pocos casos de originalidad absoluta, las oportunidades de poder escucharla en vivo son realmente valiosas por sí mismas.

            Es destacable tanto el gran orgánico que requiere como el uso –puntual y exhaustivo- que el compositor hace de cada elemento en un contexto en el cual, el permanente cambio rítmico, diferente en cada sección, la absoluta precisión y una dinámica que debe ser pareja en toda la orquesta significan.

            El solista de fagot nos introdujo en ese mundo, tan extraño como salvaje, dando a la frase del solo inicial en el registro agudo (do 5) del instrumento en modo hipodórico. El motivo es tomado de una canción lituana y pronto, al sumarse los otros timbres en la construcción inicial del primer clima, pensamos que muchas otras intervenciones tienen orígenes similares, se basan en escalas pentatónicas –por ejemplo en las flautas- o en modos como el eólico.

            Luego del episodio inicial, la entrada del corno con do sostenido/re choca con el do natural del fagot. Se establece así la polirritmia.

            Las entradas son tantas, tan próximas y tan netas, en diferentes ritmos, que es imposible indicarlas a todas, por lo cual la preparación anterior al concierto es esencial en la interpretación, ya que parte de la base de que cada instrumentista tiene bien en claro cuándo y cómo debe intervenir, le sea ello indicado o no.

            Ello a modo de ejemplo y de indicador de lo compleja que es la interpretación de la obra en cada sección. En una parte, con los clarinetes intervienen en la octava bajo el extenso trino de la flauta, un pasaje, como los demás, muy difícil,  la experiencia en vivo permite apreciar como las flautas se alteran en el trino, demás está decir la precisión que ello requiere. (adjunto al pie de este comentario el trabajó que dedique en 2013 en oportunidad de cumplirse el centenario de esta obra)

            La sorpresa en particular para mí fue que las tubas wagnerianas intervienen, en un pasaje con los cornos. Podríamos decir que a Stravinsky no le quedó nada en el tintero por experimentar y por explotar.

            Mientras salíamos, aun con dentro de la fuerte impresión recibida por semejante repertorio, tuvimos la oportunidad de saludar al maestro Daniel Robuschi, concertino de la orquesta, quien señaló, al comentarle la complejidad de todo el programa y de la Consagración de la Primavera en especial, que  había sido posible abordarlo de ese modo por tratarse el maestro Siffert de un excelente director, y agregamos que del gran nivel de la orquesta

            Ello se evidenció, por ejemplo, en los distintos modos de marcar, según si se trataba de un solo o de intervenciones por secciones de la orquesta.

            En resumen, el maestro Calderón tuvo un homenaje acorde a su envergadura musical, y a su gran dominio tato del repertorio como de la orquesta que por tanto tiempo dirigió.

           

           

             

 

 

 

https://criticosmusicales.com/00010101Articulos/20130601BalestenaConsagracion.html

 

 

 

Eduardo Balestena

Concierto de la Orquesta Juvenil Nacional Libertador General San Martín


 

.Orquesta Juvenil Nacional Libertador General San Martín

.Director: maestro Pablo Boggiano

.Solista: Ayako Tanaka, soprano

.Coro Nacional de Música Argentina

.Director: Maestro Emiliano Linares

.Palacio Libertad, Auditorio Nacional, 30 de agosto, hora 19.

 

            Bajo la dirección del maestro Pablo Boggiano La Orquesta Juvenil Nacional General San Martín llevó a cabo un extenso y demandante programa en el Auditorio Nacional.

 

La primera obra de la presentación fue el poema sinfónico Preludio a la Siesta de un Fauno, de Claude Debussy (1860-1918), obra de gran refinamiento tímbrico y armónico; se la toma como el equivalente francés de Preludio de Tristán e Isolda por la influencia del Acorde de Tristán en la concepción estilística de Debussy. Su carácter de obra revolucionaria es un indicador, por sí mismo, de las dificultades de la interpretación, que residen además de la pureza, inflexiones y evanescencia de los timbres, en la continuidad de un fraseo que en algunos lugares tiene una resolución definida y que en otros en la falta de tal resolución. La coda final, una cadencia conclusiva en mi mayor, es un ejemplo de las referidas demandas.

 

La soprano Ayako Tanaka abordó, de Aleksandr Alyabyev (1787-1851) Le Rossignol; y de Ambroise Thomas (1811-1896) Je suis Titania.

A renglón seguido, miembros de los bronces de la orquesta ofrecieron la Fanfarria de La Peri, de Paul Dukas (1865-1935)

La primera parte concluyó con Les Oiseaux dans la charmille, de Los Cuentos de Hoffman, de Jaques Offenbach (1819-1880) por Ayako Tanaka, la famosa aria en la que la muñeca Olympia se detiene cuando se le acaba la cuerda, para soprano de coloratura. En este sentido, la solista tuvo una performance actoral muy lograda, así como los bellos pasajes de la pieza, con una voz sutil, elegante y de excelencia tímbrica.

 

            La segunda parte fue iniciada con De otros cielos, otros mares, para orquesta y coro, de Esteban Benzecry (1970)

            Concebida para un gran orgánico orquestal, discurre en una sucesión de atmósferas sonoras con intensidades variables tanto en el coro como en las secciones instrumentales, en algo que parece una eterna pregunta sin respuesta, sin un desarrollo melódico, en lo que aparece como un distanciamiento del lenguaje tonal en favor de la exploración de otras posibilidades sonoras. Conviven así, en las diferentes secciones, elementos con una existencia virtualmente autónoma.

            No hay referencias melódicas que sirvan para armar el conjunto, no hay motivos ni temas a seguir, sino diferentes climas, lo cual es indicativo de las dificultades para la interpretación.

            El coro, con pasajes extensos, evanescentes por momentos y marcados por otros momentos, forma parte de un todo orquestal.

            Es difícil en una simple audición encontrar referencias en cuanto a rítmica y a las escalas o modos de los cuales se vale. Si podemos decir que los climas que crea son cambiantes, siempre misteriosos y que hay un muy eficaz manejo de la orquesta.

 

            El Mar, tres bocetos sinfónicos para orquesta, de Claude Debussy cerró el extenso programa. Los movimientos, que el autor llama bocetos, son claramente descriptivos, desde: Desde el amanecer hasta el mediodía en el mar; Juegos de olas  y Diálogo del viento y el mar.

            Más que en un desarrollo melódico extenso, los motivos se suceden como frases que discurren en el tejido orquestal llevando a cautivantes atmósferas  sonoras. Demanda una enorme precisión en el fraseo, el pasaje de elementos de la frase de un instrumento a otro y la unidad del clima del cual cada instrumento forma parte.

             

            El grado de dificultad y complejidad de cada obra fue muy diferente en una orquesta que sonó en todo momento como una totalidad. Asimismo, la obra de Benzecry fue de grandes demandas para el coro.

            El resultado habla del nivel y de la preparación de la orquesta para tan particular programa así como del trabajo de preparación y dirección del maestro Boggiano, con obras que requieren, cada una, un armado muy específico.

 

             

 

 

 

Eduardo Balestena

  

 

           

           

           

 

           

           

           

  

martes, 1 de septiembre de 2026

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires


 

 

.Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

.Director: maestro Srba Dinic

.Solista: Aristo Sham, piano

.Teatro Colón, Buenos Aires,  29 de agosto, hora 20.

 

            Bajo la el título Dos miradas de Rusia la Orquesta Filarmónica de Buenos se presentó en el Teatro Colón, dirigida por el maestro serbio Srba Dinic.

 

La Sinfonía nro. 15, en la mayor, opus 141 de Dmitri Shostakovich (1906-1975) fue interpretada en la primera parte del programa.

Obra enigmática y musicalmente compleja en su formulación musical, el primer movimiento, Allegreto, comienza con un solo de piccolo a partir del cual comienza un desarrollo temático de elementos incisivos, diferentes entre sí, en las distintas secciones, en esa atmósfera circense tan propia del autor. La intervención de las distintas secciones construye un volumen sonoro sumamente expansivo, en el cual la cita de Guillermo Tell, de Rossini, en distintos registros aparece como un material recurrente y a la vez contrastante, también así es presentado el motivo inicial.

 El Adagio – Largo – Adagio – largo respeta el esquema tonal habitual del segundo movimiento de las sinfonías, ya que está en modo menor, comienza con un solo de cello y sigue como una suerte de coral en los metales. El pasaje de las cuerdas apenas comienza la segunda intervención del cello recuerda al adagio de la quinta sinfonía del autor. Es una de las pocas concesiones a la belleza melódica –seca y con acordes disonantes- que hay. Es de una belleza despojada y enigmática, que sugiere una marcha fúnebre. La pregunta que nos formulamos es la misma que con la Eroica, ¿A quién está destinada la marcha fúnebre? ¿Quién es el héroe? Podemos pensar que está dedicaba a la vida y a la sinfonía como género musical. El movimiento es rico en la alternancia tímbrica y dinámica –del piano al forte en un mosaico de timbres-.

El cuarto movimiento,  Adagio-Allegretto-Adagio-Allegretto en la mayor comienza con una cita de Amanecer y Viaje de Sigfrido por el Rhin, de Wagner a la que sucederán otras, una de ellas será el comienzo del preludio de Tristán e Isolda, con lo que ello musicalmente implica: pasar de un lenguaje cromático a un esquema tonal diferente y también a un esquema rítmico ternario y a otra índole de fraseo. La sensación es que al mismo tiempo que son evocadas diferentes obras y sus significados, no hay un camino claro a seguir: o se trata de una exploración (¿a dónde llevará finalmente esta idea?) o del ocaso de la forma sinfónica. Sea como fuere, se trata de una obra de grandes demandas, compleja rítmica, dinámicamente y en sus muy diversos registros.

 

En la segunda parte, fue interpretado el Concierto nro. 3, para piano y orquesta en re menor, opus 30, de Sergei Rachmaninov (1873-1943) actuando como solista Aristo Sham.

En comentarios anteriores de esta obra comencé señalando que “Se trata una de las obras más extensas, virtuosas y técnicamente difíciles para piano y orquesta”. Solamente puede ser interpretado por un gran pianista, dada la complejidad de la obra, no solamente en sus aspectos dinámicos, en los breves fragmentos melódicos, que surgen a partir del sencillo material del comienzo y el diálogo con la orquesta.

Además de esas señas de identidad es necesario subrayar su permanente transformación motívica, con modulaciones que nos permiten asistir a un material que se expande permanentemente y que siempre nos parece distinto. La variación es un aspecto esencial: elementos tomados de diferentes partes del motivo inicial son expandidos convirtiéndose a su vez en otros. No resulta sencillo reconocer las distintas partes de la forma sonata ampliada del primer movimiento, por ejemplo, debido al permanente cambio.

 

            El tema del intermezzo-adagio, es un desprendimiento del motivo inicial y en la presentación del segundo tema se produce no solamente un cambio de una melodía flexible a una estructura fuerte, sino que también hay un cambio a la tónica. El  tema con variaciones concebido en una forma ABACA y no es para nada un movimiento lento. Rachmaninov utiliza aquí técnicas que llevaría a la Rapsodia sobre un tema de Paganini (1934): el tema expuesto en forma más rápida y compacta, con el agregado de notas; el desarrollo de episodios tomando un intervalo de una parte; la aparición de notas que subrayan partes del tema y omiten otras  y el enriquecimiento por   la orquesta, que lo toma y expande, también de diversas maneras, todo ello a lo largo de un extenso y cambiante desarrollo que conduce y se resuelve, casi sin solución de continuidad.

 

En el Finale alla breve, que sigue sin solución de continuidad al movimiento central, de gran fuerza, es una forma sonata modificada que recapitula sobre el tema del primer movimiento y utiliza, para marcar sus distintas secciones, un estribillo que aparece dos veces, una luego del desarrollo inicial y la segunda previa al final; contrasta con el resto del material y es a la vez una suerte de pausa con un llamado de atención a lo que vendrá, que es un desarrollo ulterior sobre el primer tema. El concierto es rapsódico, libre en su forma y a la vez riguroso en el tratamiento del material.

 

Aristo Sham es un pianista ampliamente galardonado y de mucha experiencia con distintos organismos orquestales. Ha estudiado en Harvard su maestría en el Conservatorio de New England; en su repertorio se encuentra el registro completo de las obras para piano de Brahms. Su registro de este concierto fue enérgico y vigoroso, ante esos acordes macizos y plenos que alternan con momentos de lirismo.

 

La dirección del experimentado maestro Srba Dinic fue muy clara y precisa, tanto en los permanentes cambios dinámicos como en la marcación de las distintas entradas instrumentales, que anticipaba con la indicación de los compases faltantes para cada una de ellas. Tanto la orquesta como el solista lograron bajo su batuta una excelente versión de uno de los conciertos para piano y orquesta más difíciles y entrañables.

 

            Fueron muy emotivas las palabras de despedida del maestro al flautista Claudio Barile, que pronunció, en su último concierto tras 52 años en la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, un sentido discurso de despedida de ese organismo.

 

 

 

Eduardo Balestena

lunes, 10 de agosto de 2026

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional con la maestra Ligia Amadio


 

 

.Orquesta Sinfónica Nacional

.Directora: maestra Ligia Amadio

.Solista: Lucrecia Jancsa, arpa

.Auditorio Nacional, Palacio Libertad,  7 de agosto, hora 19.

 

            Bajo la dirección de la maestra Ligia Amadio, la Orquesta Sinfónica Nacional se presentó en el Auditorio Nacional.

 

            Como introducción, la conductora (breve y claramente) estableció una línea de tiempo para poner en contexto a obras y autores, que, en distintos tramos de sus vidas, coexistieron en la segunda parte del siglo XIX. Ello guió la escucha de obras de diferentes lenguajes.

 

            El Preludio a la Siesta de un Fauno, de Claude Debussy (1862-1918) abrió el programa. Obra revolucionaria en aspectos tímbricos, armónicos y de encadenamiento y funcionalidad de acordes, podemos filiarla en la influencia del preludio de Tristán e Isolda; la impronta wagneriana es un rasgo que comparte con Cesar Franck.

            En efecto, el “acorde del fauno”, como el de Tristán e Isolda, es un acorde semidisminuído que resuelve en un acorde de séptima de dominante, en el acorde del fauno es al unísono y en el del Tristán por descenso por semitonos. Igual que el Tristán, la obra de Debussy comienza y termina en rubato. Tal imprecisión contrasta con los timbres puros que discurren con frases de color orquestal, es decir, frases de un instrumento que prosiguen en otro.

            Podemos distinguir, cuatro grandes momentos en A, B1, B2, A´ que, siguiendo al poema de Mallarmé, corresponden al motivo del fauno, repetido tres veces de forma igual pero en diferentes contextos tonales; los juegos amorosos del fauno; el propósito frustrado y finalmente la siesta.

            El esquema tonal, con los distintos enlaces de acordes, que presenta al poema como programa, es sutil y complejo.

            Va de suyo que las exigencias que conlleva la obra son numerosas, pasan por el fraseo, la vinculación entre las familias instrumentales y el ensamblaje de elementos sutiles.

 

            La “Morceau du concert” para arpa y orquesta en sol mayor, opus 154 (1918) de Camille Saint Säens (1835-1921) siguió en el orden del programa. Obra de gran encanto melódico, el primer motivo presentado por el arpa al comienzo es una cita de un motivo de la segunda parte del segundo movimiento de la Sinfonía con Órgano (1886),nque será presentado nuevamente, con cambios, hacia el final. El arpa, habitualmente conocida en la música orquestal por su delicadeza y sugestión en atmósferas dulces y encantadas, que anuncia además el pasaje de la orquesta a otros elementos o regiones tonales (como en la octava sinfonía de Bruckner, por ejemplo) es explotada en su posibilidad de abordar motivos con sonidos netos y destacados. De este modo discurre su diálogo con la orquesta en un escenario de permanente cambio de motivos de gran encanto sonoro.

            El tejido es muy cerrado entre el instrumento solista y la orquesta en pasajes la mayor parte de las veces muy rápidos.

            Como bis, la maestra Lucrecia Jancsa interpretó con la flautista Patricia Da Dalt un arreglo de Burdel 1900 de Astor Piazzolla, que comienza con una frase muy acentuada de la flauta y un toque percusivo en el arpa.

 

            La primera parte del concierto finalizó con La Valse, de Maurice Ravel (1875-1937). La maestra Amadio señaló que la idea de componer una suerte de evocación del vals  fue interrumpida por la guerra, en la cual Ravel participó como conductor motorista, luego de lo cual lo que refleja La Valse es la disolución y la pérdida de un mundo.

            Toda la obra en sí –que parece concebida en el modo menor como centro tonal- se encuentra dada en una gran torsión, por empezar, la introducción al tema inicial está dada en oscuros pasajes del registro más grave de la cuerda y el clarinete bajo. El tema surge como velado y va tomando forma a través de esta introducción, en registros no vinculados al vals al que la obra evoca. Hay lo que parece un desplazamiento en el acento al segundo tiempo del compás de pie ternario (primera torsión). Sobre este tema y su respuesta se generan motivos que, en el desarrollo ulterior y con un accelerando, se superpondrán también con timbres graves. El tema inicial pugna por volver (segunda torsión), sin conseguirlo y se desdibuja una trama sonora donde los motivos se fragmentan (tercera torsión).

            Se alternan el lirismo velado del vals (o mejor dicho, los restos del vals) y la precisión de intervenciones siempre acentuadas que van transformando el material de una obra tan original como virtuosa.

            Ya no es la evocación del vals y su nostalgia sino el fin de un mundo y el advenimiento de algo muy diferente.

 

            En la segunda parte fue interpretada la Sinfonía en re menor de César Franck (1822-1890) Una de las cumbres del sinfonismo de la segunda parte del siglo XIX, la sinfonía fue escrita entre 1886 y 1888. Franck pensó su obra como una variante del poema sinfónico, en una forma cíclica, de allí que, concebida entres movimientos, resulta muy diferente a otras obras del género.

            Uno de los aspectos quizás más interesantes es que el eje central esté dado por un motivo cuya célula temática es un intervalo de segunda menor descendente (repetido tres veces), seguido por otro de cuarta disminuida ascendente.  Lo que esto genera es una sensación de pregunta respondida a medias. Digamos entonces que la sinfonía es el desarrollo de esta pregunta, trabajado de muy distintas maneras; la primera de ellas es la aparición de un bellísimo segundo tema cantábile también vinculado a la célula inicial. Se unen así libertad y rigor constructivo.

            El segundo movimiento, luego del Lento y Allegro es un Allegretto es un bellísimo Andante y Scherzo que sobre la base de un motivo del arpa y de las cuerdas en pizzicato conduce a un hermoso solo del corno inglés, material que se expande a la orquesta en un breve contrapunto de motivos que se superponen. La genialidad abarca el lirismo y la forma.

            En el extenso Allegro non troppo final el material anterior, tanto del primero como del segundo movimiento se superpone en una construcción tan compleja como coherente, en la cual dichos materiales forman una síntesis, avanzan y al mismo tiempo dialogan entre sí en un movimiento construido como una forma rondó sonata (como el final del Concierto en fa de Gershwin).

            Luego del concierto, en un breve dialogo con la maestra Ligia Amadio, una persona tan talentosa como accesible, la conductora señaló que el resultado se había logrado luego de cinco ensayos. Dada la complejidad y hondura de las obras, ello es indicativo del nivel y las capacidades tanto de la orquesta como de la maestra invitada.

            No es solo el tejido, es el sentido de las frases, el armado, la pureza de los timbres en obras, como se mencionó al principio del concierto, muy diferentes en sus lenguajes y cada una con requerimientos diversos.

            Lucrecia Jancsa –gran intérprete y una persona de gran calidez- abordó una obra virtuosa para su instrumento, lo hizo con un absoluto dominio técnico y del estilo de la obra que interpretó, que demanda una precisión absoluta en la rapidez de la mayor parte de los pasajes como en el diálogo con la orquesta.

            En suma, un concierto de gran significación musical por las obras y sus intérpretes.

           

           

             

            Eduardo Balestena