.Orquesta Juvenil Nacional Libertador General San Martín
.Director: maestro Pablo Boggiano
.Solista: Ayako Tanaka, soprano
.Coro Nacional de Música Argentina
.Director: Maestro Emiliano Linares
.Palacio Libertad, Auditorio Nacional,
30 de agosto, hora 19.
Bajo la
dirección del maestro Pablo Boggiano La Orquesta Juvenil Nacional General San
Martín llevó a cabo un extenso y demandante programa en el Auditorio Nacional.
La primera obra de la presentación fue
el poema sinfónico Preludio a la Siesta
de un Fauno, de Claude Debussy
(1860-1918), obra de gran refinamiento tímbrico y armónico; se la toma como el
equivalente francés de Preludio de
Tristán e Isolda por la influencia del Acorde
de Tristán en la concepción estilística de Debussy. Su carácter de obra
revolucionaria es un indicador, por sí mismo, de las dificultades de la
interpretación, que residen además de la pureza, inflexiones y evanescencia de
los timbres, en la continuidad de un fraseo que en algunos lugares tiene una
resolución definida y que en otros en la falta de tal resolución. La coda
final, una cadencia conclusiva en mi mayor, es un ejemplo de las referidas
demandas.
La soprano Ayako Tanaka abordó, de Aleksandr Alyabyev (1787-1851) Le Rossignol; y de Ambroise Thomas (1811-1896) Je
suis Titania.
A renglón seguido, miembros de los
bronces de la orquesta ofrecieron la Fanfarria
de La Peri, de Paul Dukas (1865-1935)
La primera parte concluyó con Les Oiseaux dans la charmille, de Los Cuentos de Hoffman, de Jaques Offenbach (1819-1880) por Ayako
Tanaka, la famosa aria en la que la muñeca Olympia se detiene cuando se le
acaba la cuerda, para soprano de coloratura. En este sentido, la solista tuvo
una performance actoral muy lograda, así como los bellos pasajes de la pieza,
con una voz sutil, elegante y de excelencia tímbrica.
La
segunda parte fue iniciada con De otros
cielos, otros mares, para orquesta y coro, de Esteban Benzecry (1970)
Concebida
para un gran orgánico orquestal, discurre en una sucesión de atmósferas sonoras
con intensidades variables tanto en el coro como en las secciones
instrumentales, en algo que parece una eterna pregunta sin respuesta, sin un
desarrollo melódico, en lo que aparece como un distanciamiento del lenguaje
tonal en favor de la exploración de otras posibilidades sonoras. Conviven así,
en las diferentes secciones, elementos con una existencia virtualmente
autónoma.
No hay
referencias melódicas que sirvan para armar el conjunto, no hay motivos ni
temas a seguir, sino diferentes climas, lo cual es indicativo de las
dificultades para la interpretación.
El coro,
con pasajes extensos, evanescentes por momentos y marcados por otros momentos,
forma parte de un todo orquestal.
Es
difícil en una simple audición encontrar referencias en cuanto a rítmica y a
las escalas o modos de los cuales se vale. Si podemos decir que los climas que
crea son cambiantes, siempre misteriosos y que hay un muy eficaz manejo de la
orquesta.
El Mar, tres
bocetos sinfónicos para orquesta, de Claude Debussy cerró el extenso
programa. Los movimientos, que el autor llama bocetos, son claramente
descriptivos, desde: Desde el amanecer hasta el mediodía en el mar; Juegos
de olas y Diálogo del viento y el mar.
Más que en un desarrollo melódico
extenso, los motivos se suceden como frases que discurren en el tejido
orquestal llevando a cautivantes atmósferas sonoras. Demanda una enorme precisión en el
fraseo, el pasaje de elementos de la frase de un instrumento a otro y la unidad
del clima del cual cada instrumento forma parte.
El grado de dificultad y complejidad
de cada obra fue muy diferente en una orquesta que sonó en todo momento como
una totalidad. Asimismo, la obra de Benzecry fue de grandes demandas para el
coro.
El resultado habla del nivel y de la
preparación de la orquesta para tan particular programa así como del trabajo de
preparación y dirección del maestro Boggiano, con obras que requieren, cada
una, un armado muy específico.
Eduardo
Balestena


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