domingo, 27 de agosto de 2023

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal y Coral Carmina


 


.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

.Director: Maestro Guillermo Becerra

.Coral Carmina

.Director: Maestro Horacio Lanci

.Solistas: Georgina Espósito, soprano; Facundo D. Marzán, barítono

.Teatro Colón, Mar del Plata, 26 de agosto, hora 20.

 

            La Orquesta Sinfónica Municipal  y el Coral Carmina de Mar del Plata, bajo la dirección del maestro Guillermo Becerra, ofrecieron un concierto íntegramente dedicado al repertorio francés, con obras de muy diferente naturaleza.

            La Fanfarria del ballet la Peri, de Paul Dukas (1865-1935), para cornos, trompetas, trombones y tuba abrió el programa. Aun en una formación reducida de metales es una pieza vibrante.

            La Suite nro. 1 de la Ópera Carmen de Georges Bizet  (1838-1875) siguió en el orden del programa. Los elementos musicales más representativos de la ópera se encuentran en esta suite que, paradójicamente, comienza con los oscuros acordes del final de la ópera. La Aragonesa del comienzo, luego de la introducción, destaca por el elemento percusivo y la bella continuidad en la melodía de las maderas, luego del solo inicial del oboe, de gran musicalidad. El Intermezzo, con el bellísimo solo de flauta, que descansa a su vez, como lo hace el de clarinete que lo sucede, en la intervención del arpa, requiere un suave fraseo de la cuerda en un sonido homogéneo y suave. En la Seguidilla el oboe lleva la línea del canto de la mezzosoprano en la ópera –que corresponde al segundo acto, donde Carmen se marcha a la taberna de Lillas Pastia-. Con un resultado más fluido en el ensayo general que en la sesión de concierto, hubo una lograda versión de esta suite, donde destacaron los solistas Alexis Nicolet (flauta), Aída Delfino (arpa), Mario Romano (clarinete) y Gerardo Gautín (fagot).

            El Preludio a la siesta de un fauno, de Claude Debussy (1862-1918), fue la siguiente obra;  inspirado en una égloga de Mallarmé y estrenado en 1894 es la primera gran partitura orquestal de Debussy. Se trata de un lenguaje nuevo que hace evidente su gran capacidad de concepción musical y talento de orquestador: enlaces de acordes, timbres  instrumentales aislados que sin embargo forman una trama sutil y diafanidad de la escritura son algunas de sus características. El calificativo de Impresionistas aplicado a tanto a Debussy como a Ravel, no resulta sin embargo del todo apto para una textura donde el centro es el sonido en sí y que es independiente de toda “impresión” que potencialmente puada producir. Ya el maestro Lanci señaló, en el programa de la serie “Un viaje al interior de la Música” dedicado al compositor, que el término impresionista le era aplicado muy a su pesar.

            Lo señalado busca dar un marco a una obra central del repertorio que, en este lenguaje, es de una gran dificultad técnica.

            La eficacia con la que fue abordada habla del trabajo llevado a cabo por la orquesta. El bellísimo solo inicial de la flauta (Alexis Nicolet)  –que, como alguien señaló, abre un mundo nuevo- es sucedido por un acorde maderas, cornos y arpa que establece el clima en el que discurre la obra, dentro de la dualidad de timbres que se suceden –flauta, arpa, clarinete, fagot- con el soporte de una base dada tanto por la cuerda como por otros timbres en un tejido muy preciso y cerrado en donde prevalece la claridad sonora.

            El Requiem opus 4 de Gabriel Fauré (1845-1924) –aunque no se aclara es probable que se tratara de la versión de 1900- fue interpretado en la segunda parte. Con el  Requiem Alemán de Brahms tiene el común la delicadeza, el sentimiento de paz superadora de todo aquello deparado por la vida y la belleza del sonido. A diferencia de  las restantes obras del género, elimina el Diaes Irae. Se trata del sentimiento de la vida y de la muerte y no de la ira de Dios. La vida es angustiante y  la llegada a la muerte es resignada y liberadora

            En el Introito y Kyrie las voces, tras el oscuro acorde inicial de las cuerdas, parecen surgir del silencio (“Requiem aeternam dona eis Domine”) hasta el primer crescendo del coro, casi sorpresivo e intenso (“et lux perpetua luceat eis”), que marca a la vez una constante, en la sensación de marcha que produce este número: la permanente gradación sonora, los cambios de intensidad y la sutileza de la relación con el tejido orquestal. El Ofertorio que sigue (“O Domine Jesu Christie, rex gloriae”) marca la primera intervención del barítono solista (“Hostias et preces tibi, Domine”). El coro vuelve a la estrofa inicial en una bellísima línea.

            Los expuestos son ejemplos un opus donde las voces tienes muchas inflexiones, todas sutiles y parecen llevarnos de la oscuridad y la angustia a la diafanidad y la esperanza. El Sanctus es un ejemplo, del mismo modo que el bellísimo Pie Jesu de la soprano solista (“Pie Jesu, Domine, dona eis requiem”) demanda un fraseo sutil y un timbre puro y cristalino.

            El Libera me, además de la extensa intervención del barítono solista (“Libera me, Domine, de norte aeterna”) marca una mayor intensidad en la intervención coral (“Dies illa, dies irae”)

            In Paradisum, (“In paradisum deducant angeli”)  último de los números, con la intervención inicial del órgano y la cuerda de sopranos en una tesitura pura, en la antesala de un registro agudo, evoca una sensación de redentora pureza, con la que termina la obra. Produce la sensación luminosa de que lo oído anteriormente lo fue como un camino de elevación hacia la luz.

            Con pasajes fugados de mucho compromiso, otros de pureza tímbrica y de detenimiento, El Requien de Fauré, basa su belleza en lo sutil. El Coral Camina trabajó durante mucho tiempo con esta obra. Lo hizo con cuidado y detenimiento bajo la dirección del maestro Lanci y de la maestra preparadora, Georgina Espósito, que conocen la obra profundamente. El coro plasmó esta concepción dada en los colores y gradaciones e intensidades cambiantes, siempre de un modo gradual y progresivo, que demanda un fraseo acabado.

            Facundo D. Marzán brindó a sus extensas intervenciones solistas su timbre delicado y un fraseo acorde a los requerimientos de sus pasajes: suave y gradual en los cambios.

            Georgina Espósito, además de su gran capacidad de preparadora es dueña de una voz delicada, cristalina y potente a la vez, que siempre administra a partir de un criterio estético apropiado a las obras que interpreta.

 

            Coda

En cuanto a la orquesta, acaso lo más importante es que, aun con personal contratado, ha logrado un sonido homogéneo –si bien perfectible- y podido interpretar obras que no solo requieren un orgánico amplio sino también un requerimiento técnico y estético importante, lo que habla de un grado de preparación que comienza a dar frutos, y que le permite abordar programas que vayan más allá del temprano clasicismo y de ciertas formas del romanticismo también temprano.

            La falta de programa de mano –que escenarios como el del CCK suplen con la información de prensa- es una carencia importante para la cual la remanida pandemia sigue siendo la justificación.  Ello impide, entre otras cosas, conocer los antecedentes de los organismos y los solistas. No sabemos por ejemplo, quien estaba a cargo del órgano, al cual tan importante intervención cabe en el requiem.

            Asimismo, hay maestros –como Christian Fernandez Larguía o Arturo Diemecke- que aclaraban previamente al público sobre que los aplausos deben ir al final y no en cada número o movimiento. En el caso de los Requiem el aplauso se estila luego del  silencioso momento de recogimiento que  una obra de esa naturaleza impone y no en cada número, lo cual rompe con el clima íntimo y sereno inherente a tal forma musical. Fue lo que sucedió en esta oportunidad.

            La Orquesta Sinfónica Municipal y el Coral Carmina han vuelto a actuar en conjunto, tal como lo hicieron en la primera presentación de la orquesta luego de diez meses de forzosa inactividad. Esperemos que ello signifique el comienzo de una nueva etapa. El elemento humano con el que se cuenta permite sobradamente que así sea.

                 

 

              

 

 

 

Eduardo Balestena

   

 

miércoles, 17 de mayo de 2023

La Flauta Mágica en el Teatro Colón


 

 

.La Flauta Mágica, Singspiel en dos actos (1791)

.Música: Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

.Libreto: Emanuel Schinkaneder

.Dirección musical: Marcelo Ayub

.Elenco: Tamino, Juan Francisco Gatell (tenor); Pamina, Hera Hyesang Park (soprano); Reina de la Noche, Laura Pisani (soprano); Papageno, Alejandro Spies (barítono); Sarastro, Lucas Devebec Mayer (bajo); Primera Dama, Laura Polverini (soprano); Segunda Dama: Eugenia Coronel Bugnon (mezzosoprano); Tercera Dama: Daniela Prado (mezzosoprano); .Monostatos, Iván Maier (tenor); Papagena, Ana Sampedro (soprano)    

.Coro Estable dirigido por  Miguel Martínez

.Dirección de escena: Barrie Kosky; Suzane Andrade                                             

.Iluminación: Diego Leetz

.Esenografía y vestuario: Esther Bialas

.Teatro Colón, Buenos Aires, 14 de mayo, hora 17.

 

 

El poder de la música y la travesía por la noche de la muerte

En el estudio preliminar de la excelente versión que puso en escena Juventus Lyrica en 2019, titulado El Príncipe y la Rosa, María Jaunarena expone las antiguas fuentes y el carácter de una obra donde existen profundos simbolismos y mensajes ocultos.

“Tamino se remonta a Horus” –señala-, “hijo de Isis a quien cada amanecer persigue un dios que toma la forma de serpiente […] Juntos simbolizan la batalla diaria del sol contra la oscuridad. También se remonta a Orfeo, quien con su lira (flauta) encanta a las fieras […] La Reina de la Noche tiene mucha similitud con Hécate, la diosa de la venganza, a quien se la representa a veces con tres cabezas (en la obra, las tres damas. Sarastro se asemeja al gran sabio Zaratustra o Zoroastro. Y Papageno se parece mucho a Hermes o a Mercurio.

Pamina es hija de la oscuridad y está destinada a que Tamino transite el sendero de la sabiduría.

El símbolo, señala Jaunarena, es disparador del contenido múltiple: tres acordes iniciales, tres damas, tres niños, tres sacerdotes, tres pruebas.

“Tamino y Pamina se aventuran a ´las puertas del horror´ confiados en que gracias al poder de la música podrán transitar alegres ´la oscura noche de la muerte´.

No se trata de una historia pueril sino de la puesta en escena de un simbolismo que resalta el valor de la decisión, el anhelo de la luz, el silencio, la lealtad y la prudencia, en el marco del cuento tradicional. 

En mi ensayo sobre la obra (publicado en la página de la ACMA) expresaba:

“Como señala Bruno Bettelheim en Psicoanálisis de los cuentos de hadas, la narración (en este caso el libreto de Schikaneder), que a primera vista se encuentra desvinculada de nuestra experiencia, en un nivel no verbal ni manifiesto es como un espejo mágico que nos refleja internamente y que implica una serie de etapas para pasar de la inmadurez a la madurez adulta, o hacer frente a un desafío y poder lograr un estado de sabiduría derivado de esa experiencia. Se trata de un camino donde primero no es posible ver claramente –no se sabe quién es el bueno ni quien el malo, ello es fruto de una revelación a alcanzar- que guarda desafíos e implica tensiones pero que termina en un final feliz, caracterizado en los cuentos de hadas por un estado de paz que durará para siempre: “y fueron felices” suelen rematar las historias y aludir a un futuro estable y sin tensiones, destinado a transcurrir fuera de nuestra mirada de lectores,  que sobreviene luego de pasar por algo crucial.”

 

El simbolismo en la música

La música de Mozart, además de bella, concebida en soluciones musicales diversas, expresa genialmente el sentido de la obra tan vigente para acercarnos al valor de la creación Mozartiana. En efecto, las arias de la Reina de la Noche (recitativo y aria O zittre nicht, mein lieber Sohn, del primer acto, y Der Hölle kocht in meinen Heizen, segundo acto–en re menor, tonalidad asociada a la muerte y el drama- , rápidas y crispadas, en staccato, provienen de la ópera seria. Las de Tamino y Pamina –más lentas, como Tamino  mein! O weich ein Gück!, del segundo acto) de articulaciones suaves y que transcurren mayormente en el registro medio- siguen el esquema de liderazgo del tenor y de la soprano que actúa por un fuerte sentimiento amoroso, en líneas que irradian nobleza y fidelidad de uno hacia el otro, como en aria del retrato (Dies Bildnis ist bezaubend, primer acto), en mi bemol mayor, la misma tonalidad del leimotiv del anhelo de amor, de Tristán e Isolda. Papageno, en cambio, aborda una sencilla y efectiva melodía del canto popular (Der Vogelfänder bin ich), del primer acto, primero expuesta en su totalidad por la música. Las intervenciones de Sarastro (como O Isis und Osiris, del segundo acto), lentas, solemnes y profundas, que discurren mayormente en la zona grave del registro y que parecen trabajar sobre un núcleo temático que va siendo transformado de uno en otro pasaje, evocan el himno religioso.

Una de las partes más representativas de este uso de un paradigma sonoro está dada por el  pasaje de los guardas (Der, welcher wandert diese Straße del segundo acto), Tamino y Pamina, donde se cita un coral de Bach y la cuerda interviene de una manera muy elaborada, con diferentes entradas y un cambio en el desarrollo a partir de la decisión de Pamina de acompañar a Tamino. Cabe recordar que en su análisis de la sonata nro, 30 de Beethoven, András Schiff hace notar que en el siglo XVIII y parte del XIX la música de Bach no era asiduamente ejecutada y sólo accesible en colecciones privadas, con lo cual, es dable suponer que tanto Mozart como Beethoven debieron investigar la música de Bach al citarla o basarse en ella.

La Orquesta Estable, bajo la dirección de Mauricio Ayub, plasmó acabadamente la partitura mozartiana expresando cada uno de estos matices, de manera grácil, expresiva en un sonido puro, pulido y muy expresivo.

Las voces

Puestos a cantar de una manera muy estática y en incómodas y elevadas posiciones las voces del segundo elenco lucieron, en todos los casos, la plenitud que sus partes requieren. Juan Francisco Gatell compuso un Tamino de voz potente, musicalidad y matices; lo mismo podría decirse de Hera Hyesang Park como Pamina, en todo momento con un volumen tan potente como bello y expresivo; Alejandro Spies fue un Papageno de voz potente y matices, de gran musicalidad; Lucas Devebec Mayer compuso un difícil papel de Sarastro, con notas extensas en el extremo grave del registro donde se hace evidente la dificultad en sostenerlas en volumen. Laura Pisani fue una Reina de la Noche de voz potente, de gran musicalidad en la extrema dificultad de sus pasajes; también el desempeño de las tres damas fue de gran musicalidad, limpieza tímbrica y potencia. Iván Maier mostró su condición vocal con un Monóstatos muy expresivo y de gran musicalidad. Lo mismo puede decirse del resto del elenco.

Se trató de un nivel musical totalmente a la altura de tan representativa creación.

 

¿Quién engañó a Wolfgang Amadeus Mozart?

La puesta tomó los aspectos más externos de la acción de la obra y su base teórica pareció ser el recordado film ¿Quién engañó a Roger Rabbit? De Robert Zemeckis (1988) en la cual las figuras animadas interactúan con humanos.

De este modo, los roles se invirtieron en la mecánica de la acción: la única movilidad fue la de a veces gigantescas figuras, siempre desagradables, mientras los cantantes, lejos unos de otros, estaban privados de movimiento. Lo cual hace imperceptible el valor de la acción y del movimiento: un ejemplo –de los tantos-  fue el bellísimo trío Soll ich dich, Teurer nicht mehr sehn? Cuyo sentido se pierde si los cantantes se encuentran colgados e inmóviles unos lejos de otros.

La supresión de una escena de Papageno con la anciana, que resultará posteriormente ser su amada es otra de las atribuciones que se toma el reggisseur  y que resultan en una pérdida del efecto deseado.

La puesta, en lugar de (como la de Juventus Lyrica) rescatar el sentido profundo la banaliza en una historia pueril, donde la imagen todo lo invade.

Renglón aparte merece la supresión de los recitativos secos por  leyendas como las del cine mudo, acompañadas, a la manera de aquel espectáculo, por el excelente pianista Iván Rutkauskas interpretando partes de música de Mozart para teclado (absolutamente desvinculada de la obra). En el silencio, privados de la palabra, los recitativos terminan solo aportando información pero interrumpen el flujo sonoro. Aun simplemente hablada la palabra tiene la propia musicalidad de la frase y es parte del canto, establece una separación y al mismo tiempo una continuidad.

Todo ello recuerda de algún modo la época de la tiranía de directores como Hans Von Bülow o Toscanini, quienes se atribuían la potestad de “arreglar” las obras o interpretarlas según los tempi que ellos estimaban “mejores” (como Toscanini con el Bolero de Ravel)

En una escena de Yo Claudio (de Robert Graves) Claudio hace imprimir una historia de Cartago y el editor le incluye ilustraciones con elefantes que producen la ira del futuro emperador, que solo se proponía narrar hechos históricos.

La Flauta Mágica, como expresó tan bella y claramente María Jaunarena, es una obra de esencias que encuentra su origen en la remota antigüedad y que no requiere más que un soporte físico para expresar esa esencia: como dijo Lope: un decorado, tres caracteres, una pasión. Convengamos que en el caso son más de tres caracteres.

La resiente el hecho de que alguien pretenda construir su propia obra sostenida por las paredes de otra que es genial y que termina siendo tomada solo por eso, por un suporte,  bajo la excusa de que hay que aggiornarse y es el reggisser el tirano de turno que impone este entendimiento de una obra genial.

Pongamos el problema en estos términos: si un escritor del establishment de la industria cultural ensayara la hipótesis de que Borges es un escritor complejo y decimonónico y se propusiera reformular supongamos el cuento Tlön, Uqbar y Orbis Tertius y suprimiera párrafos, reescribiera otros y, en un excesivo propósito de explicarlo todo en términos simples, incluyera figuras de extraterrestres, ¿pensaríamos entonces que esto forma parte de una legítima libertad creativa?

Es exactamente lo mismo lo que sucedió en este caso y cabe repetir la presunta inicial ¿Quién engaño a Wolfgang Amadeus Mozart? Un reggisseur, la actitud frívola de un establishment solo atento a la moda? ¿La idea de que el público necesita que le expliquen todas las cosas de la manera más simple y escolar?

Sin embargo, como dice el maestro Horacio Lanci, la música tiene el poder de curarlo y superarlo todo y Mozart seguirá siendo el genio que es, resistiendo a pruebas como esta.

La pena y la pérdida es que en un ámbito donde claramente predomina la ópera italiana, las oportunidades de escuchar obras como La Flauta Mágica son extremadamente restringidas y esta es una oportunidad tristemente y penosamente  perdida de acceder a una versión digna de ella.

Queda el consuelo de la música que, en medio de tata parafernalia visual, pudo hacerle justicia.

“La sombría noche de la muerte”

A principios de 1791 Mozart vivía una situación apremiante en todo sentido. Sin embargo, en sus últimos seis meses de vida escribió el Concierto para clarinete, el Ave Verum, la ópera La Clemenza di Tito, el inconcluso Requiem y La Flauta Mágica.

Es música de una hermosura e inspiración imposibles de imaginar en un hombre que estaba muriendo.

El 30 de septiembre de 1791 dirigió el estreno en el Theater auf der Wien y el 5 de diciembre murió en la misma ciudad: “Por el poder de la música atravesamos alegres la sombría noche de la muerte” dice el aria “Tamino mein! o weich ein Glück” de Pamina y Tamino, ya casi al final.

Ese es el poder de la música, aquello que nos permite olvidar a la sombría noche de la muerte y renovar la fascinación del poder de la música de una obra mágica.

 

 

 

Eduardo Balestena

martes, 16 de mayo de 2023

Concierto de la Orquesta Académica de la Universidad Nacional de Lanús

 


 

.Orquesta Académica de la Universidad Nacional de Lanús

.Director: Maestro Daniel Bozzani

.Solista: Javier Mas

.Aula Magna de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Buenos Aires, 13 de mayo, hora 18.

 

            En este concierto, de la trigésima temporada del Ciclo de Grandes Conciertos de la UBA se contó con la actuación de la Orquesta Académica de la Universidad Nacional de Lanús, bajo la dirección del maestro Daniel Bozzani y la actuación  solista del maestro Javier Mas en el piano.

           

            La Obertura Edipo a Colono, de Antonio Sachini (1730-1786), fue la primera obra del programa. Ya desde el inicio, en sus gráciles y rápidos pasajes de la cuerda permitió apreciar tanto la amplitud de la masa de cuerdas de la orquesta como su sonido terso y absolutamente homogéneo, en un opus cuyo elemento central es precisamente esa sección.

            La Fantasía para piano y orquesta “Der Wanderer”, opus 17, (D.760) de Franz Schubert (1797-1828), con arreglo de Franz Liszt (1811-1886) siguió en el programa, interpretada por el maestro Javier Mass, quien logró una correcta versión de un trabajo donde el elemento melódico surge en un segundo plano ante el predominio de pasajes rápidos.

            En la segunda parte fue abordada la Sinfonía nro. 2 en mi menor, opus 27 de Sergei Rachmaninov (1873-1943)

            Tanto la primera sinfonía (1895) como la segunda (1906-1907), en su radicalmente distinta concepción,  marcan cotas de las más altas –si tal afirmación es posible, dado que todo en Rachmaninov es diverso y a la vez brillante y profundo- en la producción del gran compositor y concertista  de Novgorod.

            Es una obra mayor del repertorio, tanto en la complejidad de su trama musical, como en la belleza de sus extensas líneas melódicas y en la propia extensión. A poco que la apreciemos habremos de percibir que, por ejemplo la cuerda va de pasajes de un piannisimo dulce y expresivo a rápidos trozos que demandan toda la longitud del arco durante extensos períodos. En lo expresivo, el permanente cambio de dinámicas demanda un fraseo muy sutil ya que el color orquestal lleva la melodía de una sección a otra –toda la obra es un inmenso diálogo- que debe seguir la frase en el mismo volumen y sensibilidad en la inflexión. Pasajes como los arranques en el Allegro del segundo movimiento o el Allegro vivace del cuarto son intensos, rápidos y requieren una precisión tan grande como las inflexiones de las frases lentas.

            Vayamos a algunos de sus lugares para ejemplificar lo expuesto: tras la iniciación en los graves de la cuerda y el acorde de clarinetes y clarinete bajo que le sucede –verdadero marco que plantea un clima sonoro- sucede el sencillo tema ascendente, breve y conciso, en la cuerda, que sujeto a transformaciones y variaciones habrá de va estructurar toda la obra y darle unidad. Rachmaninov se nos revelará como un maestro de la transformación motivica, como lo era Rimsky Korsacov (también hemos de apreciar que algo semejante sucederá en su Tercer Concierto en do menor, de 1909). Es una obra compleja que, como el tercer concierto, descansa en elementos sencillo pero que aparecen extendidos, fragmentados, invertidos o superpuestos y desarrollados, a veces en largos tramos, de manera muy sutil.

            La disposición de la cuerda adoptada: primeros violines a la  izquierda del director y segundos a su derecha permitió apreciar la trama en que la sección trabaja: por momentos la línea melódica de los violines se divide en los que llevan la melodía y los que aportan una diferente, hecha de una modificación melódica –uno de los lugares es en el desarrollo del extenso primer movimiento –que dura unos 18 minutos-. También sucede en otros lugares con modalidades distintas, una es la cita del motivo inicial por parte de los segundos mientras los primeros llevan otra melodía.

            Todas las secciones son relevantes, la percusión, los metales, las maderas que, por ejemplo el solo del corno inglés que luego de un extenso desarrollo orquestal cita el tema inicial en forma casi literal, lo cual lleva, tras un acorde de las maderas a un desarrollo nuevo con una variación del tema central.

            En solo de clarinete –a cargo del solista Pablo Thimental- del comienzo del tercer movimiento Adagio es uno de los lugares más bellos –si afirmar eso es posible en una obra de belleza en toda su extensión- que, en el comienzo del registro agudo del instrumento nace con una nota inicial que surge muy suavemente y que inaugura un extenso pasaje que plantea el desafío de la respiración, ya que la línea se desliza sin detenerse nunca en distintas inflexiones, lo  que hace que el instrumentista deba aprovechar muy breves momentos para respirar.

            En su memorable libro Los Griegos Kitto dice algo como: si me he extendido tanto es para demostrar el profundo intelectualismo griego. Si me extendido tanto –extensión que está muy lejos de agotar las posibilidades de la obra- es para poner en evidencia el valor de la interpretación de la Orquesta Académica de Lanús y de la preparación y el trabajo del maestro Daniel Bozzani, ya que se trata de una obra que no da tregua en ningún momento de los aproximadamente 57 minutos que dura.

            Ante un desajuste en el arranque del Allegro molto el maestro detuvo la interpretación y el inicio fue atacado nuevamente. En uno de sus trabajos Mariano Balestena señala el verdadero sentido de estos accidentes en la música, que han de ser demostrativos de la dificultad que entraña hacer música y de todo lo otro que sale sin inconvenientes. Una actitud franca, responsable y honesta que no desmerece en lo más mínimo la gran interpretación que pudimos disfrutar de una obra no presente en el repertorio.

            Tanto en la cuerda, como en los metales y maderas, en la percusión, todo fue preciso, expresivo, a la altura del fraseo y la intensidad requeridos por un gran diseño sinfónico.

            En su presentación inicial, el compositor Juan Carlos Figueras se refirió tanto al ciclo semanal de los conciertos de la UBA, libres y gratuitos en los cuales se sugiere la entrega de un alimento no perecedero, ya que el referido ciclo no se agota en el plano musical, así como a la importancia de la independencia universitaria y el espíritu de igualdad que implica.

            El propio ciclo es una prueba de ello.     

           

 

Eduardo Balestena

   

 

           

           

           

 

           

domingo, 16 de abril de 2023

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón


 

Concierto de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires en el Teatro Colón

 

.Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

.Director: Alpesh Chauhan

.Solista: Eduardo Vasallo, violoncello

.Teatro Colón de Buenos Aires, 14 de abril, hora 20.

 

             

En su tercer concierto de abono del año la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires se presentó junto con el violoncellista Eduardo Vasallo.

En la primera parte del programa fue interpretada la obra Azul, para violonchelo, ensamble obligado y orquesta, de Osvaldo Golijov. La formulación general de dicha obra es la de una voz solista que aborda un motivo abierto, que discurre sin un desarrollo conclusivo definido y que, en ese discurso, van siendo sumados los timbres orquestales y ciertos efectos, más que nada como un enriquecimiento de la sencilla línea inicial. Percusión y acordeón intervienen,  al menos al comienzo, como timbres que se adicionan al paisaje sonoro que plantea la voz principal. Esta idea, con algunas variantes, se extiende a gran parte de la obra.

Sin embargo, en la tercera parte Transit, en lo que es el episodio quizás más original -el cello solista aborda un elemento que discurre con la repetición de un motivo que avanza y vuelve al punto de partida, estableciendo una suerte de continnum en el cual el acordeón obra como un soporte armónico de la sonoridad grave del cello y suena –en timbre bello e inusual- más como las cuerdas de un contrabajo que como un acordeón. Se establece allí un verdadero sincretismo entre esas voces y el delicado contorno sonoro de la orquesta, limitada a un papel de suave efecto. La resonancia del motivo alude al folklore centroeuropeo y produce toda la sensación de estar escrito en una escala diferente al resto.

La amplificación en el sonido del cello solista introduce un elemento artificial, hace más uniforme su timbre, de por sí profundo, dulce y melancólico, y lo ubica en un plano diferente al resto de los timbres de la orquesta.

Se trata, en suma, de una obra repetitiva en la exposición de la idea inicial, ya suficientemente expresada en la primera parte, y de un planteo interesante en Transit .

Eduardo Vasallo une su actividad docente a su virtuosismo en el instrumento, en el cual ha llevado una extensa carrera, a lo que debemos agregar su especial calidad personal.

 

 Sinfonía nro. 8 en do menor, de Anton Bruckner (1824-1896)

Mucho es lo que se ha escrito sobre el proceso compositivo de este opus –no enteramente comprendido en la época de que fue compuesto- para mencionar las circunstancias que hacen a su prolongada gestación y su progresiva consolidación hasta transformarla en lo que es: una sinfonía de sinfonías. Baste señalar que su grado de exigencia reside en la complejidad formal así como en la sutileza tímbrica y que –tal como sucedió en esta ocasión- no es fácil estar a la altura de esas demandas, aunque los aspectos externos hayan sido debidamente abordados.

La breve referencia del programa de mano no precisa la versión de la que se trata, que suponemos es la de Leopold Nowak.   

Mencionados de una manera muy superficial, algunos de los elementos centrales de este lenguaje son: las secciones de pregunta y respuesta; la presentación de motivos en sí breves y sencillos pero cuyo desarrollo implica múltiples expansiones, con nuevas secciones derivadas de esos motivos centrales y las respuestas a la primera parte de su desarrollo; la superposición de secciones de pregunta con las de respuesta, en distintos grupos orquestales; la inversión de motivos; el aumento –tomando en fragmentos más lentos una parte de un motivo-; la llegada a un elemento simple planteado en forma de interrogante –por ejemplo por el oboe- que conduce a una nueva variante del motivo inicial; la separación –sutil pero clara- entre dos secciones –le llamo la necesidad de la textura de respirar, incorporando breves momentos de silencio- antes de un nuevo desarrollo. Los requerimientos de fraseo de esta obra son muy específicos: una nota contiene la expectativa por un clima que sabemos que se presentará ignoramos de qué modo y bajo qué forma. Los crescendos articulados son otro recurso: comienzan en una sección, se detienen brevemente y prosiguen con la adición de nuevas voces –generalmente los metales- en una suerte de escalón del crescendo, que continúa hasta ser resuelto en una sección de respuesta. Las divisiones en la cuerda, confiriendo a cuerdas graves motivos introductorios.

Estas –apenas esbozadas- son probablemente las particularidades más notorias de un lenguaje que demanda otros elementos estilísticos: el permanente cambio dinámico y la delicadeza tímbrica.

De los muchos ejemplos posibles vamos a detenernos solamente en un par de lugares de esta interpretación: el segundo movimiento Scherzo: Feierlich, doch nicht schleppened en el cual la crucial elección del tempo marca la diferencia entre un concepto de detenimiento y otro “formulario”. No es una sinfonía que contenga pasajes rápidos por la rapidez en sí misma; no rige en ella un concepto de sonido compacto sino de gradaciones y requiere gran flexibilidad en el pasaje del motivo inicial al más lento que, luego de un desarrollo, lo sucede.   Hay versiones en las que este movimiento sugiere un simple trámite para pasar al adagio. Este fue el caso. Externamente las notas están, están los pasajes de un elemento a otro y la corrección formal, pero sin la idea de exploración que preside a toda la obra. Un ejemplo es la introducción de las arpas luego de la sección resolutiva de un motivo de respuesta, en la sección C del esquema A B A C A B A del movimiento, introcducción que pasó de manera poco notoria.

Otro lugar es en el tercer movimiento, el sublime Adagio: Feierlich, doch nicht schleppend  concebido domo un desarrollo dentro del esquema  A B A´B´A´´ que comienza con un sutil y expresivo pasaje de la cuerda que va siendo intensificado. En B, tras un muy breve crescendo se produce la entrada de las arpas y la modulación hacia una tonalidad lejana, que connota la sensación de un ascenso gradual que sugiere, como en un pasaje similar de una de las variaciones del último movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, la aparición de una luz en lo alto. Es necesario el equilibrio sonoro entre una cuerda en pianissimo para que sean audibles las arpas y un rallentando en el tempo destinado a subrayar la importancia del momento y de la modulación en el fluir del discurso. En un tempo sin cambios, y con una cuerda en mezzo piano –es decir con un problema de equilibrio entre los planos sonoros-las arpas, una vez y otra, no fueron audibles en el grado de expresividad requerida y el pasaje discurrió simplemente como uno más.

Problemas similares hubo en el movimiento final: una sección de contrapunto –en el coral del final- demasiado rápida; una veloz coda, sin posibilidad de “respiración” en un todo que fue pensado más en su carácter compacto que en la suave fluidez que, en timbres más o menos intensos, demanda esta obra capital en la historia de la música.

Se trató de una versión formalmente correcta, con la plenitud de los acordes de metales, con sus reminiscencias organísticas, la bellísima combinación del sonido de las tubas wagnerianas con los cornos; las complejas secciones en la cuerda; el bello timbre de las maderas; con algunos problemas, como el tempo del segundo movimiento, que hacen ya a la concepción del maestro Chauham y otros, como ciertos equilibrios sonoros y articulaciones en el fraseo que probablemente hubieran podido beneficiarse con un trabajo de ensayo más sutil y  prolongado.

 

 

 

Eduardo Balestena

   

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lunes, 9 de enero de 2023

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

 


Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal

 

.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

.Director: Maestro Guillermo Becerra

.Teatro Colón, Mar del Plata, 7 de enero, hora 21.

 

            La Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata, bajo la dirección del maestro Guillermo Becerra brindó –a sala llena- su primer concierto del año en el Teatro Colón de nuestra ciudad.

            La Obertura del singspiel El empresario Teatral, (K. 486) de Wolfgang Amadeus Mozart, fue la primera del programa.

            En segundo término, fue interpretada la  Pequeña Sinfonía en si bemol mayor para nueve instrumentos de viento,  Op.216, de Charles Gounod. Sus intérpretes fueron –según la formación adoptada y de izquierda a derecha: Alexis Nicolet (flauta); Mario Romano y Ernesto Nucíforo (clarinetes); Rubén Passaretti y Marcos Tallarita (cornos); Gerardo Gautin y Sabrina Pugliese (fagotes) y Andrea Porcel y Mariano Cañón (oboes). Estructurada en cuatro movimientos: adagio/allegro; andante cantabile, quasi adagio; scherzo, allegro moderato; y finale, allegretto.

            Obra poco frecuente en el repertorio, es muy rica en inflexiones melódicas, en rápidos diálogos entre los instrumentos solistas y en vivacidad. El movimiento inicial es un allegro de sonata con temas contrastantes y la obra nunca abandona el brillo inicial, tanto en la belleza de los temas como en su elaboración formal.

            Su demandas son muchas: precisión en el armado, lirismo, limpieza tímbrica y está claramente destinada a consumados solistas. Se trató de una muy lucida versión de este bello y poco conocido opus.

            En la segunda parte fue interpretada la Sinfonía nro. 104 en re mayor, Londres de Franz Joseph Haydn.

             Última de las sinfonías del padre del género, quien le dio su base formal, al transitar prácticamente todas las combinaciones posibles, implica –como las obras del clasicismo- pureza tímbrica en sus nítidas y amplias líneas melódicas y una arquitectura precisa en los tríos de flautas oboes y fagotes, por ejemplo en el pasaje del primer tema al segundo en el movimiento Andante. Los temas iniciales aparecen casi siempre como motivos danzantes, lo que le confiere elegancia, fluidez y belleza.

            No son los compases aquello que pauta la música sino que se trata de una línea con inflexiones, como la del habla: así lo asumían las indicaciones del maestro Becerra, dándole importancia a la respiración y al pulso; antes de cada movimiento dejaba ver en su gestualidad la impronta que deseaba darle. Ello y los aspectos puramente formales que fueron pulidos en el ensayo general son indicadores de la puntualización en el trabajo.

            Ante las circunstancias que ha venido atravesando –y que aún atraviesa- la orquesta, el nivel de preparación y detalle con el que está trabajando es algo que debe ser destacado.

           

 

 

 

Eduardo Balestena

   

 

           

           

           

 

           

lunes, 21 de noviembre de 2022

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal con el Coral Carmina


 

Concierto de la Orquesta Sinfónica Municipal con el Coral Carmina

 

.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata

.Director: Guillermo Becerra

.Coral Carmina

.Director: Horacio Lanci

.Solistas: Georgina Espósito, soprano; Fernando Rocca, tenor; Facundo Domínguez Marzano, barítono.

.Iglesia Stella Maris, 20 de noviembre, hora 20.

 

La Orquesta Sinfónica Municipal –o más propiamente, lo que queda de ella- se presentó, luego de una prolongada ausencia del escenario debido a las extremadamente graves carencias en la conformación de su orgánico- junto con el Coral Carmina y solistas.

            Las Dos canciones  opus 15, de Edward Elgar abrieron el programa, que prosiguió con la Misa nro. 2 en sol mayor, D. 167 obra temprana de Franz Schubert siguió en el orden del programa. Se trata de una breve obra, para orquesta de cuerdas,  de gran musicalidad, ya desde su propio comienzo –Kyrie-; en el Gloria que le sigue, la expresividad reside en un  rápidos y precisos pasajes en el coro y toda la cuerda.

            Georgina Espósito brindó su timbre claro, duce y refinado en sus intervenciones –Kyrie, Benedictus, Agnus dei- por citar un ejemplo. Lo mismo el tenor Fernando Rocca, de un timbre cristalino, a la vez potente y delicado, así como el barítono Facundo Domínguez Marzano.

            El coro destacó en su homogeneidad en todas las dinámicas de una obra con momentos de frases extensas y una demanda de continuidad en la articulación. Horacio Lanci no sólo es un gran director sino también un estudioso de la música de una muy destacada trayectoria.

            La Sinfonía nro. 2, opus 36, en re mayor de Beethoven cerró el programa. Obra temprana sus innovaciones, sin embargo sus innovaciones son muy marcadas. Su primer movimiento (Adagio molto – allegro con brío, en re mayor), escrito en forma sonata. Su rica introducción –de una profusa elaboración en las voces instrumentales- condensa varios elementos melódicos y llega, sin transición, a un dramático segundo sujeto, para volver al material de la introducción y concluir con el clímax de la coda.

            El segundo movimiento (Larghetto, en la mayor) en forma sonata está desarrollado con dos temas amables y ricos melódicamente, enriquecida la grácil melodía de la cuerda por las maderas, en una muy cuidada elaboración.

            El tercer movimiento (Scherzo – allegro, en re mayor) es breve y enérgico, con ricas gradaciones en las maderas que  acompañan a los exigentes pasajes de la cuerda.

            La obra concluye (Allegro – molto, en re mayor) con un rondó en el cual el material temático se desarrolla rápidamente en el esquema ABA´CA´´BA – Coda en un progresivo enriquecimiento del material que concluye en una coda que se inicia con un sentido de interrogación y concluye enfáticamente con el tema inicial.

            Guillermo Becerra es un profundo conocedor del repertorio Beethoveniano y la orquesta –con refuerzos de su orgánico- obtuvo una interpretación acorde a la obra.

              Es destacable el permanente esfuerzo del Coral Carmina, ya sea en su nivel coral como en su denodado y permanente trabajo y la entrega que ello significa. Tuvo una actuación acorde a su nivel.

            En cuanto a la Orquesta Sinfónica Municipal, debe destacarse la actitud de trabajar con el repertorio de por sí reducido que puede afrontar con su más que menguada conformación. La calidad del concierto que llevó a cabo prueba que el referido  repertorio no significa exigencias musicales menores que otros.

            Sin embargo, los problemas que atraviesa –desde larga data- el organismo, están muy lejos de una solución.

            Resilium es el verbo latino que expresa la fortaleza de un material capaz de volver a su forma original luego de un fuerte impacto. De allí deriva el término resiliencia : tanto un orgánico menguado por el desinterés y las malas políticas municipales, agravado ello por los problemas edilicios y otros de variada índole, no han podido vencerla ni disminuir su calidad musical. Si en algún momento –forzosamente lejano- pueda llegar a recomponerse ello se deberá a la tenacidad y a la resilencia de todos los músicos que han venido luchando silenciosamente por ella.

 

Eduardo Balestena

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas, Coro Polifónico Nacional, coro de niños, coro mixto en el CCK


 

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, solistas, el Coro Polifónico Nacional, Coro de niños, coro mixto en el CCK

 

.Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina

.Directora: Natalia Salinas

.Solistsa: Ricardo González Dorrego, tenor; Alejandro Spies, barítono; Walter Swarz, bajo

.Coro Polifónico Nacional

.Antonio Domeneghini, director del coro

.María Isabel Sanz, directora del coro de niños

.Sala Principal, Centro Cultural Kirchner, 18 de noviembre, hora 20.

 

             

El oratorio Turbae as passionem gregorianam 0p 43 para 3 cantantes gregorianos, coro de niños, coro mixto y orquesta, de Alberto Ginastera fue la obra abordada en el último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Fue escrita por encargo del Mendelssohn, de Filadelfia, en 1974. Tanto el comentario de Daniel Varacalli Costas, como la reseña de la obra en el programa del Teatro Colón del 19 de abril de 1980, analizan de una manera exhaustiva tanto la obra como las circunstancias de su gestación y su lenguaje, por demás complejo. Por tal razón, no voy a detenerme en la descripción de las partes que componen el referido oratorio; simplemente es dable señalar que la idea central, más allá de las distintas fuentes litúrgicas, es la idea de las “multitudes enardecidas” y el modo en que ello es expresado musicalmente de muy distintas maneras, con requerimientos técnicos también muy distintos.

El coro aborda ya un canto lírico, ya se subdivide secciones camarísticas, con pasajes extensos en registros extremos –por ejemplo los bajos- y un trabajo en tesituras disonantes, intensas, por momentos agudas y el prolongado pasaje de las onomatopeyas, que instala un clima de angustia, impotencia y confusión.

Los pasajes de las turbas –señala Pola Suarez Urtubey- causaron siempre una impresión de temor al compositor y utiliza fragmentos de los cuatro evangelios referidos a las turbas. Ello confiere a la obra una sensación de universalidad: si algo se hace evidente es este comportamiento  tan extremo como errátil de la turba, expresión que ya de por sí denota a un conjunto enardecido.

Los coros, que incluyen solistas dentro de la masa vocal están, de un modo u otro, siempre fuertemente exigidos, ya sea por los registros, la duración o el énfasis.

La concepción del sonido orquestal es, al mismo tiempo, tradicional y vanguardista –remite a la monodia del canto gregoriano tanto como a timbres disonantes- con un paisaje rítmico intrincado y cambiante. Los sonidos son tajantes, pero, al mismo tiempo, por ejemplo en las baterías de la percusión, muy delicadamente elaborados, en la sucesión de distintos elementos, sucesión que debe producirse de una manera extremadamente precisa. De una renuncia total a todo aspecto melódico, queda a los timbres puros, a los esquemas rítmicos y a la combinación de masas sonoras tan intensas como suaves por momentos, todo el peso de esta concepción musical: el resultado no es una música de reposo y consuelo, sino de permanente angustia. Por momentos de una sencillez tan intensa como expresiva en un lugar como el pedal de bajos y cellos en el momento de la crucifixión, en otros los sonidos parecen no identificables en cuanto a los instrumentos que los producen connotan algo indescifrable, producto de varias fuentes sonoras.

En tal sentido, tanto la labor de la orquesta como la de los coros –ello habla de los méritos como directores de María Isablel Sanz y Antonio Domeneghini- y los solistas fue de una total excelencia en su desempeño. La intervención más extensa fue la de Ricardo González Dorrego como el narrador; impecables también en sus intervenciones, Alejando Spies (Jesús) y Walter  Swartz (Sinagoga).  

La textura es tan intrincada y cambiante que requiere una marcación muy justa en todo momento, así como de un trabajo previo también muy preciso, ya que no parece posible marcar todo durante todo el tiempo. En tal sentido, la labor de la maestra Natalia Salinas fue excelente.

La paradoja que se presenta es la siguiente: la de una obra de contenido religioso que genera angustia, desconcierto y un eterno interrogante nunca resuelto. Una música que no es consuelo, no reconforta sino que impacta. Finalmente la fe parece ser una interrogación. En el curso de esa interrogación se nos orece una obra musical que, más allá de su contenido, vale por sí misma y se impone por elementos puramente musicales.    

  

 

  

 

 

 Eduardo Balestena