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jueves, 26 de octubre de 2023

Reportaje a María Jaunarena


 

           

Juventus Lyrica acaba de cerrar su temporada 2023 con la ópera Don Giovanni, con música de Wolfgang Amadeus Mozart y libreto de Lorenzo Da Ponte.

Conocida como “La ópera de las óperas”, ante la versión que disfrutamos, se impone el diálogo con María Jaunarena, regisseur y Directora Ejecutiva de Juventus Lyrica. Se trata de una directora que ha optado no por las puestas predominantemente en boga, sino por aquellas basadas en el sentido profundo de las obras en cuya realización trabaja, con imaginación escénica y rigor intelectual. 

            “Para bien o para mal, nuestra vida actual está establecida a partir de pulseadas que Don Juan ganó como un pionero y en soledad. A pesar de perder en la obra, en la vida real Don Juan le torció el brazo a Dios. Nuestra época no solo lo legitima, le rinde culto. Como señala el filósofo Gilles Lipovetsky ´la era de la hipermodernidad resulta inseparable de la seducción soberana´. La cultura del hedonismo y del individualismo lo ha ocupado todo”, dice María Jaunarena en El primero de nosotros, el texto inicial del programa de mano, verdadero ensayo, breve, conciso y profundo sobre el personaje, con el dominio de la escritura en el que destaca igual que en el de la escena.

             

 

            -Don Giovanni es el villano en la obra pero en la realidad su personaje,  muy difícil de rastrear en la Historia, ha seducido a escritores como Tirso de Molina y Moliere y a un gran número de músicos y su postura hedonista ha triunfado como el modo en que muchos desean verse. En su texto no solo son mencionadas las referencias históricas sino también filosóficas del personaje y del tema y se nos presenta a dicho personaje, más que como un villano, como un espejo.

            ¿La idea de llevar a escena una obra semejante, tan vasta y con tal poder de significación surge de haber estudiado antes todos sus antecedentes y haberla elegido, o estos son profundizados luego de la decisión de ponerla en escena? ¿Qué factores trabajan en la elección de una obra en general y de una de tanto compromiso en particular?

 

            MJ: Varios. Desde el sentido para uno de los propósitos fundacionales de Juventus que es cautivar público nuevo para la ópera (con todo el énfasis en los programas para adolescentes que tenemos) y la formación de artistas jóvenes. Esta ópera es, a mi juicio, la biblia de la ópera. Es una obra inevitable. Y sirve a ambos propósitos. Musicalmente da origen al romanticismo, porque la mayoría de los compositores reconocen el quiebre que produjo Mozart en los cánones musicales con esta creación. Pero también porque Don Giovanni, es decir, Don Juan, es el inicio del hombre moderno, es el hombre que se opone a la religión, al matrimonio, no sigue ninguna voluntad más que la propia, cultiva su imagen, su cuerpo, impone el placer sobre el deber. Es el inicio de lo que somos hoy en el siglo XXI. En particular para los adolescentes que están en pleno proceso de definición de su propia identidad y la pregunta “¿quién soy?” tiene un peso sustancial, el protagonista les responde en una de sus primeras líneas del libreto “quién soy nunca lo sabrás” (Chi son io tu non saprai). La frase es inquietante porque nunca terminamos de conocer realmente quiénes somos.

 

            -En la visión de Mozart y Da Ponte un mito español anterior al siglo XVII se vincula a un argumento cuyos personajes no sólo son un reflejo social del siglo XVIII sino también de las nuevas ideas: “Quiero ser un gentilhombre/ y no quiero servir más”, dice Leporello en el aria inicial Notte e giorno faticar. La diferencia social es muy marcada por el carácter de sus personajes, la música, el canto y el movimiento escénico. La puesta que usted concibió lo refleja claramente y renuncia a cualquier otro objetivo que no sea el de rescatar la significación de la obra en su naturaleza transgresora, su propia belleza y en el plano de lo social.

¿Es eso lo que tuvo en mente al concebirla y cómo fue la génesis de esa concepción?

 

            MJ: En Mozart, sobre todo en su unión con Da Ponte, el conflicto social emerge siempre. Da Ponte se llamaba Emmanuel Conegliano, era judío, de chico vivió en un gheto marginado cerca de Venecia, hasta que lo convirtió al catolicismo un obispo llamado Lorenzo Da Ponte, de quien heredó el nombre. Da Ponte está cortado por la tijera de no pertenecer y conoce a la perfección sus consecuencias. Mozart también. Se pasó la vida dilapidando lo poco que ganaba en ropa para acceder a los círculos de las cortes que podían financiar su producción. La apariencia lo era todo. Estamos antes de la época del compositor independiente, aunque Mozart es el pionero y se le parece bastante. Todo eso está condensado en Don Giovanni, que en más de una oportunidad cambia de vestimenta o se pone una máscara para acceder a lo que quiere. En boca de Molière, Don Juan argumenta “Hay tantos que hacen lo mismo y recurren a la máscara para engañar al mundo”. Molière es el antecedente más importante del libreto de Don Giovanni. Me parece que los dos, Mozart y Da Ponte, conocían a la perfección de qué hablaba el mito de Don Juan y el resultado fue esta obra maestra. Como directora escénica, me es imposible evitar las múltiples referencias al conflicto social que atraviesan la obra. Me gusta trabajarlas a nivel estético y también a nivel de sentido, por supuesto. Que Don Giovanni seduzca a la campesina Zerlina habla también de la transgresión del protagonista y por eso Doña Ana canta “me desmayo” cuando la ve por primera vez. Es casi un insulto para ella y también muestra el carácter abierto, intrépido y hasta podríamos decir “ecuménico”, en un sentido irónico, de Don Juan (vale aclarar que en Molière las intervenciones de la campesina están mal escritas, algo así como si en español el personaje se comiera las eses, precisamente para mostrar el quiebre de nivel social al que llega el seductor). Justo antes de eso, Don Giovanni canta: “Viva la libertad”, y a continuación “mi casa está abierta a todos”. Eso no es nada menos que una declaración política bien moderna, en términos de principios.

           

-Una manera de pensar el vínculo entre música, sociedad y política es la circunstancia de que hubo un auditorio popular para las óperas de Mozart, que están concebidas dentro de un gran refinamiento musical: en La Flauta Mágica, -cuyo aspecto temático usted tan bien analizó- es el simbolismo del número, tres, por ejemplo: tres acordes iniciales, tres pruebas; también un riguroso pasaje fugado y muchos otros elementos; en Don Giovanni es, por ejemplo, la superposición de tres formas musicales al final del primer acto, cada una vinculada a una diferente clase social. La idea de que hay formas populares para oyentes populares aparece al menos cuestionada por este hecho, asimismo, el límite entre lo que es considerado popular y lo que no lo es aparece como difuso.

            Lo social atraviesa toda la ópera, desde el propio hecho de que parte del poder de seducción del personaje se basa en su rango, hasta el pensar que obras musicalmente tan refinadas fueron destinadas a una audiencia popular.

            Creo que su puesta entendió muy bien este vínculo entre música, sociedad y política y que una forma de expresarlo fue la concepción de cada personaje, su marcación escénica y el vestuario. ¿Hubo influencia de alguna puesta en particular o es la propia obra la que propuso su forma de llevarla a escena?

 

            MJ: Don Giovanni es una obra maestra, creo que es mi ópera favorita. Juventus Lyrica nació con esta obra. La tengo grabada en la retina. Y cada vez que se programa, intento verla. He leído también el mito en sus múltiples versiones. Cada una por supuesto ha influido de alguna manera, consciente e inconscientemente. Es imposible e inverosímil pensarse como un artista en soledad que todo lo que tiene para decir viene desde dentro y sólo se le ocurrió a uno. Es parte del mandato de originalidad contemporáneo, parte del legado del “yo” de nuestro querido Don Juan. Pero somos producto de otros, ya desde nuestro nacimiento. Con respecto a mi trabajo como directora, siempre intento en primer lugar, tratar de descifrar al compositor y al libretista. Porque cada silencio, cada indicación de sottovoce o forte, indica una intención. Para eso es fundamental la comunión con el director musical. Y luego por supuesto, intento comprender el libreto. En ese sentido, mi primera fuente de inspiración es Da Ponte. Da Ponte no es sólo un escritor. Da Ponte es un regisseur. Es evidente. Escribe como director. Si no lo sigo, naufrago. Ya me pasó cuando dirigí Las bodas de Fígaro. Si el personaje no desaparece en el compás que el lo indica, y reaparece en el otro, el chiste no funciona.

           

-Quizás las categorías de “puesta tradicional” y “puesta moderna” no reflejen aquello de lo que una realización se trata y haya que poner la categorización en otros términos: si la puesta es funcional a la obra o no lo es. La mayoría de las veces parece imponerse hoy el criterio de que una obra es no un universo autónomo sino algo cuya interpretación es preciso “actualizar”, en lugar de concebirla como aquello que debe poder colocar a la obra en el centro.

En ese sentido, su puesta –que suma además sencillez, sobriedad y  belleza visual- fue enteramente funcional en un argumento donde el movimiento es esencial, ya que huidas, apariciones y encuentros están íntimamente vinculados tanto al desarrollo de la acción como a las diferencias sociales de las que la obra se trata. Su estética como realizadora parece estar en seleccionar elementos y no acumularlos y en el detalle que hace a la presencia de cada uno de esos elementos.  

Suponemos que el proceso de elegir una ópera y llevar a cabo una puesta, con todo lo que implica, tiene varias etapas y muchos desafíos: ¿cómo es ese proceso? ¿Cuál es el primer estímulo? ¿Qué se siente al poder levarlo adelante?

 

MJ: Coincido en que el clivaje entre a puesta tradicional vs puesta moderna no me representa. No creo en el purismo de representar todo exactamente como fue, ni creo tampoco en este mandato de actualizarlo todo donde el director muestre que tiene una idea original, por más que esa idea desvirtúe la acción dramática de la obra. Para mí, ante todo, lo que se va a llevar a escena es teatro, para que haya teatro debe haber una acción dramática y un conflicto. Si traemos la obra a la actualidad: honestamente no entiendo el conflicto. ¿Dice hoy algo interesante alguien que no cree en el matrimonio, ni en Dios ni se ata a nada más que a sí mismo? ¿Con quién entra en conflicto esa persona? Para mí con nadie. Si no entra en conflicto, no hay trama posible, el espectador se duerme. Cuando inicié el proceso de ensayos tuve que aclarar que la puesta no era moderna y noté las caras de decepción de varios. Vivimos alienados por los slogans. En ópera es actualizarlo todo a cualquier costo. Forma parte de la misma trampa del individualismo. De otro lado de la grieta, no actualizar y montar un museo en el escenario, sin tender ningún puente con el espectador actual, tampoco conduce a ningún lado. Son categorías vacías ambas. Para mí, la programación de una obra tiene que obedecer a una pregunta: “¿es esta obra relevante hoy? ¿vale la pena volver a representarla? ¿por qué?” En este caso, esas preguntas se respondieron solas. ¿A quién no seduce Don Giovanni? Es el germen del hombre nuevo. Ese que todos somos hoy. El que pone el yo ante todo, el que se ama, y se reproduce en infinidad de dispositivos en poses y circunstancias, el que se aburre y cambia de pareja como de vestido, el insatisfecho que no puede no encadenar un consumo a otro, el que no tiene ninguna atadura a nada más que a su propia voluntad, el que publica cada una de sus acciones en redes (como Don Giovanni en el catálogo de Leporello), el que usa la máscara para sus conquistas online (ya sea con un pseudónimo o creando varios perfiles) y termina con ellas con la misma brutalidad con la que Don Juan desechaba sus conquistas. Diría más, somos peores que él. Don Juan tenía poesía, tenía profundidad, le gustaba el desafío, cuanto más difícil la conquista mejor para él. Nosotros somos vagos, banales y profundizamos hasta por ahí nomás. Con respecto a la estética, “menos es más” dice el lema. Prefiero condensar la cantidad de elementos, uno que sobra confunde al público. Y finalmente, en referencia a la última pregunta, llevar una ópera a escena es un esfuerzo descomunal. Sobre todo para una organización sin estructura fija (me refiero a edificio físico, cuerpos estables, etc.) y sin fines de lucro como es Juventus Lyrica. El proceso suele ser difícil y agotador. Pero siempre logramos una mística. Un compromiso por parte del equipo artístico y de producción. Sabemos que a pesar de los múltiples escollos estamos intentando llevar a escena una obra maestra que algunos disfrutarán por primera vez. Eso, en parte, compensa todo.

 

-“De la cuarentena salgo cantando” fue más que un lema; significó una actitud ante la adversidad y –en la función de reapertura de la actividad lírica en el Teatro Avenida, el 3 de julo de 2022-  una revelación de talentos que pudieron surgir y encontrar su lugar pese a esa adversidad, por medio de un actividad que no fue interrumpida. Se trata de un mensaje muy poderoso: el del arte como una herramienta de supervivencia. ¿Qué reflexión le merece ello de cara a 2024 y el veinticinco aniversario de Juventus Lyrica?

 

MJ

             Juventus Lyrica es una asociación que nace a contracorriente y que en su génesis de origen está cortada por la tijera de avanzar contra viento y marea. Su objetivo nunca fue sencillo, la ópera no es sencilla, menos si trata de hacerla con nuevas voces y despertar el interés por la ópera en niños y adolescentes, como es lo que hacemos hace varios años. No es a simple vista, un trabajo automático y fácil de financiar. Es antiguo y artesanal. Pero creo que la ópera aporta mucho contenido a esta “era del vacío” en la que vivimos. Y creo que, con nuestra tarea, de alguna manera apuntamos a elevar el horizonte cultural y emocional al que miramos y al que miran los adolescentes. Del límite surge la creatividad, y el mayor valor que tiene Juventus es el esfuerzo, el compromiso, la profundidad del trabajo, el amor y la voluntad que ponen las personas que se involucran en cada proyecto. Tal vez por eso hemos durado tanto en un país tan vertiginoso. Y también porque para nosotros hacer una ópera siempre es como la primera vez.  

lunes, 16 de octubre de 2023

Don Giovanni en la temporada de Juventus Lyrica


 

 

.Ópera en  dos actos (1787)

.Música: Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791)

.Libreto: Lorenzo Da Ponte (1749-1838)

.Estreno: 29 de octubre de 1787 en el Teatro Nacional de Praga

.Cantantes: Don Giovanni (barítono), Alejo Álvarez Castillo; Leporello (barítono), Juan Salvador Trupia; Donna Elvira (soprano) Johanna Padula; Donna Anna (soprano), Sabrina Schulthess; Don Ottavio (tenor), Carlos Ullán); Zerlina (soprano), Sol Risé; Masetto (bajo), Antony Fagúndez; Commendatore (bajo), Carlos Esquivel

.Orquesta de Juventus Lyrica

.Dirección musical: Andrés Dos Santos

.Coro de Juventus Lyrica, dirección Pablo Manzanelli

.Dirección Escénica: María Jaunarena

.Escenografía e Iluminación: Gonzalo Córdoba

.Vestuario: María Jaunarena

.Maquillaje y Peinado: Silvana Caruso

.Teatro Avenida, 14 de octubre de 2023

 

           

            Juventus Lyrica cerró su temporada 2023 con la  señalada como “La ópera de las óperas”.

Don Giovanni ossia Il dissuóluto Punito  no solo es una de las obras más espontáneas y a la vez elaboradas de Mozart sino que confluyen en ella una serie de elementos que la singularizan por sobre otras creaciones, no sólo del genio de Salzburgo sino de la historia de la música.

La versión que pudimos apreciar hizo entera justicia a esa tradición: se trata de una obra de gran envergadura: requiere pureza y precisión en el sonido orquestal, es una ópera de solistas, sin roles secundarios, con un coro acotado y discurre en un movimiento permanente en cuyo desarrollo se plantean, por medio de elementos expresados actoramente y en la música,  las diferencias sociales en un momento de cambio en las ideas y utiliza como base para ello una historia que se remonta hasta muy atrás en el tiempo.

Ya el texto de María Jaunarena que abre el programa de mano  (una suerte de breve pero completo ensayo, en el estilo profundo e imaginativo que es propio de su manejo en la escritura) analiza no solo los antecedentes del mito y sus diversas manifestaciones sino que también se refiere a su vigencia.

             

            Mozart y Don Giovanni

            Cuando, a principios del siglo XVII Tirso de Molina escribió El Burlador de Sevilla y el Convidado de Piedra lo hacía sobre la base de relatos que, basados en hechos reales o no, ya circulaban en la tradición popular.

            Pasquale Bondini, el empresario que comisionó Don Giovanni a Mozart era el dueño de una troupe viajera que produjo muchas obras en la época. La idea de una nueva ópera surgió a partir del éxito de Las bodas de Fígaro.

            El tema estaba tan en boga que –conforme lo refiere Peter Branscombe en el estudio preliminar a la edición de Don Giovanni a de la Deustche Grammophon dirigida por von Karajan en 1985- parece haber habido hasta 500 variantes; muchas de ellas en la época en que Mozart y Da Ponte escribieron su obra maestra, cuya versión es tomada de la que, poco antes, había sido presentada en Venecia. Era un tema ideal para ambos: la maleabilidad de la historia permitía enfocarla desde varias ópticas: enfatizando los elementos de Commedia dell´ Arte  o los trágicos o, como sucede de algún modo en esta oportunidad: ambos a la vez.

            En el programa Curiosidades mozartianas, de la serie “Un viaje al interior de la música”, del maestro Horacio Lanci, son señalados aspectos de la profundidad musical de la obra: uno de ellos es el pasaje de polirritmia vertical del final del primer acto, durante la escena  de fiesta en el palacio de Don Giovanni; se forman tres parejas de baile: Donna Ana y Don Octavio bailan un minué en compás de ¾; Don Giovanni y Zerlina una danza campesina en compás de 2/4 y Leporello y Masseto una contradanza en 3/8, ello por medio de tres conjuntos musicales diferentes en el escenario, que a su vez afinan antes de comenzar. Ello, al par que reflejar las diferencias sociales, produce una sensación de desconcierto en la escucha y es un recurso absolutamente nuevo y que será adoptado como elemento del lenguaje musical recién en el siglo XX. En la versión que escuchamos no hubo músicos en el escenario, no obstante lo cual el efecto señalado es muy perceptible.

            Otro episodio semejante se produce al final, cuando Mozart se burla de obras conocidas de la época, de las cuales se citan fragmentos: Cosa rara, de Martini; Los dos litigantes, de Sarti y el “Non piú andrai” de Las Bodas de Fígaro, del propio Mozart, ante lo cual Leporello canta “a esta la conozco demasiado”.

            Va de suyo que nos encontramos ante una textura musical elaborada y efectiva.

 

            La versión

            Es posible apreciar que el vínculo entre el sonido orquestal y las voces no se limita a un simple acompañamiento, muy por el contrario, es cerrado, cercano, preciso y debe rescatar el carácter marcado y chispeante de la música mozartiana, donde todo, con una gran riqueza melódica, va cambiando durante todo el tiempo: en ocasiones la orquesta va cruzada respecto a la frase vocal, o los elementos de las distintas secciones también van cruzados entre sí, pero se arman y combinan en un sonido total: se trata, visiblemente, de una arquitectura donde juegan tanto las dinámicas, llamadas a expresar distintos sentimientos, como la rapidez. El sonido es liviano, flota, pero es a la vez incisivo y requiere de una marcación muy precisa como la que, con gran claridad, le dio el maestro Dos Santos. Imaginamos que el fragmento de polirritmia vertical no debe ser de marcación fácil y que la orquesta debe poder abordar elementos muy diferentes superpuestos.

             El maestro pautó claramente a los cantantes, a veces coincidiendo con distintas entradas en secciones de la orquesta.

            El conjunto vocal es tan interdependiente  entre sí como entre la orquesta. Se requiere cierta “química” entre los personajes para que el todo funcione. Juan Salvador Trupia compuso un Leporello brillante, con una voz que aúna potencia con musicalidad. Al personaje le es reservada la extensa y famosa aria Madamina, il catalogo es questo. La voz es capaz de expresar la picardía, la complicidad y la ambivalencia del personaje. Alejo Álvarez Castillo fue un Don Giovanni expansivo, con una voz de tanta potencia como musicalidad, que condensa todo lo que de rechazo puede connotar el personaje y que demanda una expresividad que surge de las inflexiones de la voz, lo demostró tanto en sus intervenciones en duetos como en el aria Deh, vieni a la finestra. Sabrina Schulthess mostró su musicalidad, potencia vocal y la diferente gradación de sentimientos que el papel de Donna Anna, requiere, lugares  Or sai chi l´onore así lo permiten apreciar. Su partenaire Carlos Ullán, compuso a un Don Ottavio con la elegancia, finura de la línea de canto y musicalidad propias de un personaje que tanto se diferencia al resto de los personajes masculinos, el aria Il mio tesoro, del acto segundo así lo demuestra. En su rol de Donna Elvira Johanna Padula mostró su potencia vocal, musicalidad y coloratura propios de su personaje, por ejemplo en lugares como el aria Ah ¡ chi mi dice mai. Sol Risé hizo gala de una voz clara, potente y musical en el registro medio y agudo, una de sus arias es Batti, batti o bel Masetto.  Antony Fagúndez como Masetto abordó las exigencias del papel con su voz clara y potente. A Carlos Esquivel, como el Commendatore le cupo la resolución de la trama. En este sentido, la voz  debe ser tan potente como expresiva y poder plantear el clima sobrenatural en el que reside la moraleja. Cumplió con ello acabadamente.        

 

            La puesta

            La concepción de María Jaunarena, como hemos podido apreciarlo en otras ocasiones, está dada más en la selección, funcionalidad de elementos y en el detalle que en el hecho de la acumulación y la idea de que la puesta es una segunda creación montada sobre la acción de una ópera.

            Muy por el contrario, la puesta “trabaja” sin interferir, particularmente en una ópera donde el permanente movimiento y circulación de personajes constituyen un elemento esencial de la narrativa.

            Una superficie extendida de lado a lado del escenario, de forma curva y con arcadas sirvió de telón de fondo a proyecciones que representaban los distintos escenarios –el palacio de Don Giovanni, la calle, el cementerio- . Las arcadas permitían la circulación de los personajes. La iluminación hacía el resto, sugiriendo, ocultando, subrayando.

            La marcación actoral, en sus gestos y movimientos, fue tan precisa como expresiva en algo que siempre funcionó como un todo. El desempeño actoral de los cantantes es algo para subrayar.

            Se trató de una puesta que, a diferencia de otras, colocó a la verosimilitud y a la sobriedad en primer plano.

            La dinámica escénica es  algo que trabaja en un todo, del mismo modo que lo hacen las voces y la música. No es una segunda creación sino el soporte para una primera creación. Allí precisamente está el acierto en el punto de vista.

             

            Coda

            En un pasaje de La nuit de Varennes, de Ettore Scola (1982), Marcello Mastroianni, encarnando al Chevalier de Seingalt se refiere, en el contexto de los tiempos que cambian, a la nueva realidad social y cita el aria inicial de Leporello:  Notte e giorno faticar : “Quiero ser un gentilhombre/ y no quiero servir más” y agrega haber estado presente en el estreno en Praga y ayudado a Da Ponte a ultimar la puesta: Don Giovanni no es solo una ópera más: es la permanente imaginación musical, es los tiempos cambiantes donde los criados quieren ser amos, es la reedición del mito del seductor y transgresor y una de las muestras más acabadas del genio mozartiano.

            Pudimos apreciar una versión que hizo justicia a “La ópera de las óperas.”

            Algo para remarcar y que sólo había visto en el festival de Salzburgo, luego de la representación de Cosi fan tutte a la que asistí: en el saludo final la orquesta, que suele permanecer en el foso, subió al escenario y, junto con cantantes, coro, y directores, recibió su merecido aplauso de cara al público.

 

 

 

Eduardo Balestena      

lunes, 11 de julio de 2022

Gala de Juventus Lyrica. Reapertura del Teatro Avenida


Elenco, Orquesta y Coro de Juventus Lyrica, dirigidos por Hermán Sánchez Arteaga y Hernán Schvartzman

.Dirección de escénica: Ana D´anna y María Jaunarena.

.Iluminación: Gonzalo Córdova.

.Vestuario: María Jaunarena

.Maquillaje y Peinado Silvana Caruso

.Teatro Avenida, Buenos Aires, 3 de julio.

 

           

En una Gala Lírica dedicada al maestro Antonio María Russo, uno de los propulsores iniciales de Juventus Lyrica, a la cual le dio el nombre, la entidad volvió a su labor artística presencial en la destacable y cuidada presentación que marcó además la reapertura de la actividad operística en el Teatro Avenida.

“De la cuarentena salgo cantando” fue el lema de Juventus Lyrica para su programa de formación a distancia en tiempos de aislamiento; un término que en sí mismo opone a la adversidad el poder de la creación y del trabajo que conlleva, una de las pocas estrategias válidas para hacer frente a tiempos de oscuridad e incertidumbre.

“En 2022 tenemos por delante el desafío de zurcir e intentar reparar el tejido roto que nos dejó la pandemia… ese es el terreno al que debemos una mirada esperanzada y en el que debemos sembrar los brotes para que vuelva a germinar” señalan Ana D´anna y María Jaunarena en la introducción del programa de mano de la Gala.

Es dable citarlo porque la presentación –que lo es además de nuevos cantantes surgidos precisamente en la actividad en tiempos de encierro físico- estuvo marcada por la espontaneidad y la gracia: las hebras de un tejido roto se recomponen por la esperanza y la imaginación.

 

El repertorio

En un extenso arco que va desde Laschia ch´io pianga, de Rinaldo, de Haendel, a Wie die Weiber, de La viuda alegre de Lehar o Bruderline, de El Murciélago, de J. Strauss hijo, el repertorio incluyó momentos entrañables de la ópera, como La canción del Toreador, de Carmen, de Bizet o Un di se bem rammentomi, el bellísimo cuarteto de Rigoletto, de Verdi, o Hélas mon coeur s´egare encore, de Los Cuentos de Hoffman, de J. Offenbach, por citar algunas de las 30 partes que integraron el programa, en una elección que descansa en la belleza melódica, el lucimiento de los cantantes y la centralidad en el género de los fragmentos escogidos.

Ello demanda un esfuerzo de versatilidad tanto de los cantantes como de la orquesta, que pasa de los sombríos acordes del final de Carmen a la opereta de Strauss.

 

El manejo escénico

Ya desde la entrada el Dueto de las flores, de Lakmé, de Delibes o Voi che sapete, de Las bodas de Fígaro, de Mozart, daban la bienvenida a los espectadores, introduciéndonos así a un manejo inventivo de la escena.

El dominio de dicha escena fue uno de los elementos más notorios de esta actitud de oponer la alegría a la adversidad y se evidenció de varias maneras: una de ellas fue que cada cantante tuvo un gran dominio actoral, en su gestualidad y desplazamientos; otra de  las soluciones fue integrar la platea a la actuación: en Com´e gentile, de Don Pasquale, de Donizetti, el tenor Patricio Oliveira se introduce a a la escena dando su serenata mientras camina por el pasillo que separa las filas de butacas y el maestro Sánchez Arteaga lo acompaña en guitarra. En otro momento Laura Penchi, como Musetta, al cantar el famoso vals saca a bailar a un espectador o, en el bellísimo coro Zitti, zitti, de Rigoleto los cantantes que representan a los cortesanos, en lugar de raptar a Gilda se llevan del escenario al maestro Sánchez Arteaga. Ataviadas con vestidos cuyo vuelo recuerda a las alas de los murciélagos, la Reina de la noche y las damas que la secundan asustan a un Papageno ávido de estar en la escena.

Sería muy extenso enumerar cada uno de estos episodios que requieren una gran precisión para ser ejecutados en el escenario.

 

Las voces

Nuevas voces fueron integradas en una misma representación con otras ya reconocidas, como Rocío Arbizu, Monserrat Maldonado o Laura Penchi (dicho esto a título ejemplificativo y sin ánimo de incurrir en omisiones). Marcelo Gómez compuso a dos personajes torturados, como lo son Don José, en C´est toi, c´est moi, de Carmen, de Bizet y Canio en Vesti la giuba, de I Pagliacci de Leoncavallo. Constanza Díaz Falú, Laura Penchi y Carolina Gómez destacaron por igual alternándose pasajes de Der hölle rache, de La Flauta Mágica, de Mozart. Gabriel Carasso fue nuevamente Papageno en Ein madchen oder weibchen, de La Flauta Mágica, con la misma gracia con la cual interpretó el papel en 2019. Ivana Ledesma, Estefanía Cap, Ernesto Bauer y Pablo Urban abordaron el cuarteto Un di se bem rammentomi, de Rigoletto en las bellísimas líneas de canto de un fragmento que alterna el juego de dos planos y situaciones diferentes, de uno y el otro lado de un imaginario muro. Carolina Gómez mostró la belleza de su voz en la Canción de la luna, de Rusalka, de Dvorak, así como Monserrat Maldonado en Casta Diva, de Norma, de Bellini.

Hubo muchos momentos así a lo largo de la presentación y no sería posible enumerarlos a todos.

 

La orquesta

La función orquestal fue llevada a cabo por un ensamble de dos violines, viola, cello, contrabajo; flautas, oboes, cornos, fagotes, y piano.

Que estuviera formada con músicos tan destacados como Amalia del Giudice (clarinete); Martcho Mavrov o Soldar Geldymuradov (concertino), así como otros,  habla de su nivel.

El piano (Tamara Benítez) por momentos llevó la línea melódica y en otros reforzó los armónicos en los bajos orquestales y pocas veces delató su presencia. La orquesta fue siempre un todo.

En texturas como la del canto, basta, por ejemplo en Casta Diva, el solo de flauta que secunda a la voz solista y las maderas que la acompañan. El repertorio, salvo en el final de Carmen, no requería una acumulación sonora ni un esplendor tímbrico sino el sonido neto y preciso y así trabajó a lo largo de toda la extensa presentación. Un ejemplo fue Venez amis, de El Conde Ory, de Rossini, que cerró la primera parte: una figura binaria de forte/suave se alterna y crece y sobre ella se apoyan las voces, en un diseño también sencillo pero muy efectivo que va, como es típico en el compositor, in crescendo en la intensidad y la rapidez y se sucede, con precisión matemática, a lo largo de todo el número. La belleza del fragmento pone en un segundo plano el virtuosismo que demanda.

 

Vestuario e Iluminación

Cuidados al extremo, vestuario e iluminación –lo mismo puede decirse de maquillajes y peinados-, junto con los movimientos escénicos, en su aparente espontaneidad, meticulosos al detalle, no sólo construyen una atmósfera sino que son el soporte físico en los que música y voces encuentran escenario capaz de realzarlas.

La ópera es una presencia, algo que rompe la realidad cotidiana y marca una diferencia y de eso se trata.

 

 

Una nueva etapa

En el texto del programa de mano Juventus Lyrica expone su amplio programa de actividades, tanto en las provincias argentinas que articulan con el sistema como en los países enlazados con éste.

Con el apoyo de la Fundación Williams y otras instituciones ha llevado a cabo esta intensa actividad, otorgando becas para clínicas y talleres de técnica vocal.

“Nunca bajamos los brazos, porque desde nuestro acotado espacio como organización sin fines de lucro, sabemos que nosotros también hacemos política cultural, permitiendo que cada año cientos de chicos tomen contacto con la música clásica por primera vez y que cientos de cantantes se inicien en la difícil carrera del canto lírico, convencidos de que el arte es mucho más que entretenimiento”, señalan.

La que vivimos fue la fiesta que coronó tales ideas y tal actividad y el mensaje es que el trabajo y el talento pueden dar frutos aun en tiempos de oscuridad.

 

 

Eduardo Balestena