domingo, 22 de junio de 2014

Mozart y Beethoven en condiciones de dificultad


.Orquesta Sinfónica Municipal de Mar del Plata
.Director: Emir Saúl
.Solista: Antonio Di Cristofano
.Teatro Colón de Mar del Plata, 21 de junio.

El pianista italiano Antonio Di Cristofano actuó como solista en piano en el concierto de Orquesta Sinfónica Municipal que tuvo lugar el 21 de junio, en el teatro Colón de Mar del Plata.
En la primera parte del programa fue ofrecido el Concierto para piano y orquesta nro. 21, en do mayor, K. 467, de Mozart.
Si bien, como criterio de apreciación, corresponde abstraer todo elemento extra musical y considerar sólo el resultado artístico, tales factores son relevantes musicalmente cuando inciden en ese resultado. La falta de ensayo general, que no fue llevado a cabo por problemas de falta de calefacción en condiciones de intenso frío en el escenario, un feriado previo y un solo ensayo con el solista incidieron, como no podía ser de otra manera, en ese resultado. En ese marco, no sólo la falta de un trabajo serio con la obra sino también una marcación imprecisa, sin indicación de entradas, particularmente a trompas y maderas, ocasionaron problemas en algunas entradas, desfasajes, omisiones e imprecisiones.
No obstante, partes  como el pasaje de un elemento por las voces de las maderas, el sonido propio de ciertos acordes mozartianos del inicio, o el ataque suave de la cuerda en la sección del adagio en el segundo movimiento fueron momentos correctamente logrados, pese a algunos problemas en las gradaciones dinámicas, particularmente en el tercer movimiento, donde el equilibrio con el instrumento solista es delicado y que hubieran requerido un trabajo más sutil.
Múltiples y comprometidas son las exigencias en el instrumento solista: un arranque delicado en el tema inicial, la rapidez de pasajes como la cadenza del primer movimiento; el primer tema del segundo, o el largo pasaje luego de la intervención de los oboes en el tercero, que requieren a la vez que claridad, rapidez y sentido de equilibrio y musicalidad en un toque destacado, limpio y a la vez muchos matices. Antonio Di Cristofano, diplomado como pianista en el Conservatorio Cherubini, de Florencia, y de una amplia trayectoria supo responder a estas exigencias, más allá de que en pasajes, como el del desarrollo del segundo tema, en el primer movimiento, por ejemplo, hubieran requerido una articulación de mayor fluidez. Abordó la obra con soltura y le confirió el sentido de musicalidad que requiere y fue preciso en pasajes complejos como los del tercer movimiento.
No hubo bises que permitieran apreciarlo mas allá del desafío de actuar con una orquesta que debió desenvolverse en  las circunstancias antes señaladas.
Sinfonía nro. 2 op. 36 en re mayor de Beethoven
No por tempranas ni por corresponder a los números pares del catálogo beethoveniano son menores las dificultades de obras, como este opus, que constituyen un desafío especialmente para una cuerda siempre muy expuesta, ya sea en la presentación y desarrollo de motivos que, como en el primer movimiento, son dados en pasajes de intensidad y fuerza que demandan que la cuerda sea un bloque sonoro, intenso pero sin aridez, sino también en la sutileza dinámica que requieren.
En este sentido hubo una cuerda poco homogénea, incisiva y con problemas de afinación, en una ejecución que transcurrió en un nivel de uniformidad en lo que se refiere a la dinámica, sin sutileza ni matiz alguno (un ejemplo en el segundo movimiento, no sólo en las cuerdas sino por ejemplo en las trompas). Lugares como el segundo tema del segundo movimiento, con la introducción de un motivo danzante constituyen, en ese pasaje, el previo y los sucesivos, lugares que requieren una cuerda pareja, suave, uniforme, constituyen ejemplos del trabajo que hubiese requerido la obra.
También la marcación fue irregular: la hubo escasamente para secciones como las maderas, y fue dada para secciones que ya habían entrado, como cellos y primeros violines.
 No todas las cuestiones inherentes a la interpretación musical pueden descansar siempre en la práctica de los intérpretes, en su experiencia y en su aptitud para resolver aquellos problemas que devienen de la falta de la preparación seria y profunda que toda obra requiere.
Es un difícil momento para la una de las orquestas más antiguas del país, sujeta a restricciones de toda índole,  que merecería una política más justa y respetuosa.
En la oportunidad, se rindió un cálido homenaje a Baldomero Sánchez, solista de viola, y violinista, además de destacado educador, en su último concierto. Ex integrante del prestigioso Quinteto Rego, con él se retira un artista más de la generación de aquellos músicos que vivieron la gestión de directores como Guillermo Scarabino y Washington Castro quien, al frente del organismo, lo llevó, entre 1977 y 1984, a un orgánico de unos 90 músicos.



  


Eduardo Balestena


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